Más vale tarde que nunca. Probar la copa menstrual es, para mi salud, una de las mejores decisiones que he tomado. Cómoda, ecológica, respetuosa con el cuerpo ¡y súper económica!


Conclusión

La mejor inversión que he hecho en mi salud íntima.

10
Comodidad
10
Precio
8
Fácil uso
7
Fácil lavado

Recuerdo perfectamente la primera vez que usé un tampón. Tenía 12 o 13 años y estaba en Andorra esquiando, un viaje que organizaba mi colegio cada año con motivo de la ya extinta Semana Blanca. A mi madre no le hacía gracia aquello de los tampones, porque decía que no eran buenos para el cuerpo.

Pero como estaba lejos de casa y rodeada de mis amigas, decidía yo. Una de ellas, más avanzada en estos temas (o con una madre más pro-tampón), me dijo que tenía que probarlos y me dio uno junto con unas sencillas pautas de introducción y un espejo. Me metí en el baño mientras ella me acompañaba al otro lado de la puerta. Touché.

Fue una liberación total. Desde entonces, y durante más de diez años, no dejé de usarlos. Pero dicen que las madres nunca se equivocan y, en este caso, tampoco lo hizo. Los químicos que contienen los tampones (blanqueantes, por ejemplo), son perjudiciales para la flora vaginal. Además, al estar preparados para absorber el líquido menstrual, también resecan la vagina.

Yo sabía (y notaba en mi cuerpo) todo esto pero, a falta de mejores (y cómodas) opciones, seguía usándolos. Y no me olvido de la temida candidiasis, una infección por hongos que padecen un alto porcentaje de mujeres y que suele aparecer con frecuencia cerca del ciclo menstrual.

Pero hace unos cuatro años una compañera de trabajo me habló de la copa menstrual. Ella llevaba usándola mucho tiempo y hablaba maravillas: cómoda, ecológica, respetuosa con el cuerpo… ¡y económica! (ahora es más económica aún). La verdad es que el único inconveniente que le veía yo era tener que estar lavándola cada vez que me cambiaba. Por eso, tardé en decidir comprarla.

Iriscup Copa Menstrual - Malicieux

Pasaba el tiempo y mi ciclo menstrual era cada vez más corto (llegó a durar un día) y más escaso y mi madre insistía en que era por los tampones. Así que un día, convencida por tanto escucharla y harta por los problemas de candidiasis que tenía cada dos por tres cuando se acercaba la regla, consulté con mi médica de cabecera. Me dijo que dejara los tampones y probara la copa menstrual, porque todas las mujeres que la tenían hablaban muy bien de ella.

Acto seguido, fui a comprarme una. Y fue un milagro. Ha pasado más de un año, mi ciclo ha aumentado y los problemas de candidiasis desaparecieron. Pero no lo digo sólo yo, Internet está lleno de comentarios de este tipo. Vayamos poco a poco.

Copa Menstrual Eve

Por mis características, en la tienda me recomendaron la talla pequeña: Mis ciclos menstruales eran cortos y escasos y no había tenido hijos. Me costó algo más de 30 euros ¡y ya están por menos de 20! Me fui a casa y esperé a tener la regla para poder usarla. Cuando llegó el momento, esterilicé la copa en agua hirviendo y me dispuse a utilizarla. Hay mujeres que lo hacen con unas pastillas que sirven para esterilizar biberones y chupetes, pero yo no lo veo necesario. Miré las instrucciones por encima para saber cómo tenía que introducir la copa en la vagina (ver la 1ª foto de la galería inferior) y para dentro.

Al principio parece que se va a quedar doblada, es decir, tal y como la introduces. Pero poco a poco se va abriendo hasta adaptarse perfectamente a la forma de tu vagina. No notas que la llevas, al contrario de lo que puede pasar a veces con los tampones si no se colocan bien. Te olvidas de que está. Si la notas, es que no la has colocado bien (puede pasar al principio) y sólo tienes que empujarla un poco con los dedos para que entre un poco más. Si ves que sigue doblada, siempre puedes sacarla y volverla a introducir ¡No desesperes! ¡Recuerda cuando te pusiste el primer tampón!

En mi caso, como mis reglas son más bien escasas, puedo llevar la copa menstrual puesta desde por la mañana hasta que llego del trabajo sin ningún problema. Lo máximo que te puede ocurrir si te pasas de hora es que el recipiente se llene y empieces a manchar. Pero piensa que la copa menstrual recoge tres veces más líquido de lo que absorbe un tampón. Aún así, en caso de que tus reglas sean más abundantes y necesites cambiártela, NO HAY PROBLEMA. Es fácil y rápido.

¿Cómo se saca? Primero, si ves que el enganche se ha metido hacia dentro, no sufras. Aprieta un poco los músculos de tu vagina (como si quisieras expulsarla) y aparecerá ¡Tranquila, no se va a perder en tu interior! Después, pellizcas ligeramente su base para que pierda el aire y la sacas tirando del enganche. Quizá tengas que hacer un poco de fuerza, no tengas miedo. Después la lavas con agua y jabón, la secas y, si quieres, te la pones de nuevo. Yo la llevo puesta 24 horas al día, es decir, hasta duermo con ella. Además,  si el enganche te resulta demasiado largo  puedes cortarlo como hice yo -pruébalo antes-.

Una vez que la has sacado, toca limpiarla. Pero tampoco sufras. Si estás en el trabajo y no te resulta fácil lavarla, la sacas, la vacías en el inodoro, la limpias con un poco de papel higiénico (verás que se limpia muy bien) y vuelves a ponértela. No pasa absolutamente nada. No es sucio, no es antihigiénico y no tiene que darte asco ¡es tu cuerpo! Si estás en casa o lo tiendes más fácil, puedes lavar la copa menstrual con agua tibia y jabón neutro y volver a introducirla. Así hasta que termines tu ciclo, cuando has de esterilizarla con agua hirviendo de nuevo y guardarla en su bolsita hasta el mes siguiente.

Ventajas indiscutibles

  • La copa menstrual es respetuosa con tu cuerpo. Está hecha de silicona quirúrgica, se adapta completamente a tu vagina y recoge el flujo respetando tu ciclo menstrual y tu lubricación natural sin resecar tu vagina. Olvídate de las infecciones que ocasionan los tampones y del miedo al Síndrome por Shock Tóxico.
  • Es ecológica, respeta el medio ambiente. La mejor alternativa a los tampones y compresas desechables que no son biodegradables.
  • Puedes llevarla puesta todo el día. Hasta por la noche.
  • Es económica. Por menos de 20 €, inviertes en tu salud y ahorras mucho dinero en tampones mes a mes. En pocos ciclos, has amortizado tu copa menstrual. Después, podrás usarla hasta 10 años.
  • Es discreta. No se nota aunque estés desnuda (¡haz la prueba!). Puedes ir a la playa (¿nudista? ¡también!), hacer deporte, preparar mayonesa (guiño, guiño) y tener sexo desenfrenado (¡sin penetración! ¡acuérdate de lo que hablamos sobre el coitocentrismo!).
  • Puedes llevarla siempre en el bolso y estar preparada en cualquier momento. De hecho, puedes ponértela si crees que te va a bajar la regla, pero aún no lo ha hecho.
  • Y para mí, otra ventaja indiscutible, es que tiene la capacidad de “reconciliarte” con tu menstruación. Hay demasiados mitos, reparos y miedos. Al entrar en contacto con tu propia regla dejarás de verla como algo sucio o susceptible de generar asco: No huele (los químicos de los tampones, al entrar en contacto con la sangre, incrementan el olor) y no es algo desagradable

No me canso de recomendar la copa menstrual a todas las mujeres que tengo a mi alrededor. Algunas no están convencidas, poco a poco, pero las que me han hecho caso están igual de encantadas que yo. No es casualidad que la grandísima mayoría de las mujeres que la usamos digamos que ha cambiado nuestras vidas. No es para menos. Tampoco es casualidad que las empresas de tampones y compresas no quieran ni oír hablar del tema. El de la copa menstrual es un ámbito que, sin grandes inversiones en publicidad, ha conseguido lo que todos querrían: Darse a conocer por su propio valor y por la satisfacción de quienes la usamos.

Sin lugar a dudas, yo grito a los cuatro vientos: “¡Amo mi copa menstrual!”.