Para encontrar el camino que queremos, podemos hacer poco más que asumir que en algún momento seguramente nos perderemos.


 (Aviso: spoiler alert!)

Pixar lo ha vuelto a hacer. Como en la mayoría de sus producciones ha conseguido crear esa armonía perfecta entre el humor y lo emotivo, la simpleza y la complejidad, un espacio de unión entre niños y adultos donde ambos pueden disfrutar y aprender de la misma forma.

Inside Out o Del Revés (“de dentro a fuera”) es un dulce recorrido a través del desarrollo cognitivo y socio-emocional del ser humano desde los primeros atisbos de las emociones más básicas como la risa y el llanto de un bebé, pasando por amigos y novios imaginarios hasta el desarrollo de emociones más complejas con el paso a la adolescencia. Hay quien habla ya de Inside Out como la mejor película de Pixar y, compartamos o no esta opinión, lo cierto es que de una manera sencilla pero eficaz, la película describe con bastante claridad los procesos por los que se van generando las distintas emociones y cómo pensamos y actuamos de una forma u otra según la emoción que nos invada en ese momento.

Desde las primeras escenas, lo que menos me convenció de la película fue la distinción física que se hace entre las dos primeras emociones que aparecen en Riley: Alegría y Tristeza. Alegría, más allá de su encantadora manera de actuar, aparece como una “chica” guapa y delgada mientras que Tristeza es algo más rellenita, con gafas y poco agraciada. No me gustó que de entrada se diera un mensaje de manera tan obvia de que la alegría es “guapa” y la tristeza es “fea” y, bajo mi punto de vista, hubiera sido más acertado que siguieran siendo de colores diferentes pero no con el objetivo claro de destacar la belleza de una por encima de la otra.

Dependiendo de la perspectiva con la que miremos o afrontemos una situación, ésta puede cambiar completamenteEsta visión negativa de la tristeza aparece una y otra vez a lo largo de la película.Al comienzo, Alegría nos explica cuál es el trabajo de cada una de las emociones que va apareciendo. Así, por ejemplo, Ira “pone mucho cuidado en que las cosas sean justas” y Miedo “mantiene a Riley a salvo”. Sin embargo, al hablar de Tristeza, Alegría lo suelta sin tapujos: “Tristeza no sé muy bien qué es lo que hace”. No obstante, y como suele pasar, Pixar guarda el mensaje con el que realmente debemos quedarnos para el final.

Me gustó especialmente la aproximación al desarrollo de la personalidad a través del uso metafórico de las “Islas de Personalidad” (como isla familia, isla amistad o isla hockey). Estas islas se mantienen en funcionamiento mientras sucedan hechos que las refuercen y hacen alusión a los principales aspectos de la personalidad de Riley. Según la emoción que prevalezca por encima de las demás en un determinado momento, los recuerdos de ese momento tendrán un tinte emocional u otro: podrán ser recuerdos tristes, de miedo, de felicidad, etc. Estos recuerdos se dirigen a las islas de personalidad y son los que hacen que “Riley sea Riley”.

No es ningún secreto que dependiendo de la perspectiva con la que miremos o afrontemos una situación, ésta puede cambiar completamente. La película juega constantemente a mostrarnos la diferencia entre visualizar las cosas desde un punto de vista positivo o uno negativo. Aparecen ejemplos de cómo nuestra memoria funciona de manera selectiva según la emoción que impere en un determinado momento. De un mismo recuerdo, en el que Riley está merendando con una amiga y comienza a reírse tan fuerte que acaba expulsando leche por la nariz, Alegría recuerda la sensación de no parar de reír y lo divertido del momento. Tristeza, sin embargo, piensa en el dolor que le produjo la leche al atravesar la nariz.

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Esta idea tiene mucho que ver con otro aspecto que también aparece en la película y es la diferencia entre hechos y opiniones. Del recuerdo del que hemos hablado anteriormente, Tristeza adoptaría como hecho que aquella merienda provocó dolor a Riley y, sin embargo, para Alegría esto sería una opinión aparte del hecho de que aquel momento fue divertido. Así, lo que consideramos un hecho y lo que consideramos una opinión dependerá mucho de por dónde enfoquemos una situación.

En una escena concreta, Alegría, Tristeza y Bing Bong (el antiguo amigo imaginario de Riley) viajan en el tren del pensamiento y a Alegría se le caen varias cajas que llevan dentro hechos y opiniones. Intenta ordenarlas pero dice que no puede porque son muy parecidos, a lo que Bing Bong contesta que es algo que sucede constantemente. Y es que en el terreno emocional resulta verdaderamente difícil a veces saber cuáles son los hechos objetivos, ya que al sucedernos siempre adquieren un tinte subjetivo, los “rellenamos” de una determinada emoción y la percepción de la realidad será muy diferente según qué emoción sea esa. Este, de hecho, es el motivo principal de la mayoría de discusiones: las distintas formas de percibir un mismo hecho.

Hay momentos en los que las emociones nos desbordan y no sabemos cuál de todas debe tomar el mandoLo anterior es un ejemplo sencillo de un proceso al que nos vemos sometidos constantemente: decidir qué elemento de la situación tiene más peso o importancia para nosotros ¿Habernos reído sin parar o que nos escueza la nariz? Observado desde nuestra perspectiva de espectador y viendo claramente diferenciadas las emociones representadas en distintos personajes, resulta bastante fácil de distinguir, pero en la vida real esta tarea es bastante más difícil. De hecho, a veces ni siquiera somos conscientes de estar dejándonos llevar por una u otra emoción y no aceptamos que hay otra perspectiva con la que aproximarnos a una situación.

El enfoque de la película empieza a cambiar cuando Alegría comienza a ser consciente de que Tristeza sí puede ser útil a través del papel tranquilizador del llanto. La propia Tristeza, al principio de la película, define bien porqué está llorando: “llorar me ayuda a dejar de obsesionarme con el peso de los problemas”, aunque esto es algo que Alegría no entiende. Comenzará a encontrarle sentido cuando al intentar ayudar a Bing Bong a sentirse mejor porque está empezando a ser olvidado ninguna de sus payasadas o palabras de ánimo consiguen hacerlo. Es tristeza, quien diciendo en alto algunas de las cosas que siente Bing Bong (“entiendo que estés triste, vas a echar de menos a Riley”), desencadena que éste comience a llorar y posteriormente se sienta mejor.

Hay momentos en los que las emociones nos desbordan y no sabemos cuál de todas debe tomar el mando. Tras la mudanza, que supone un período de duelo y readaptación para Riley, todas las emociones comienzan a tambalearse porque necesitan reajustarse a los grandes cambios que la vida de la niña está sufriendo. Al principio, Alegría no tendrá demasiados problemas en tomar el relevo en situaciones de crisis, intentará sacar un lado positivo o divertido a las situaciones, pero finalmente hará falta algo más que eso para procesar los cambios.

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El primer momento en el que las emociones se descontrolan se desarrolla cuando el primer día de clase la nueva profesora de Riley le pide que se ponga de pie y cuente al resto de sus compañeros algo sobre ella. La vergüenza a hablar delante de todos, o el miedo a que sus compañeros se rían de ella se diluyen cuando Riley se centra (Alegría toma el control) en recordar su vida en Minnesota, sin embargo, algo ha cambiado: ya no está en Minnesota. En este momento, Tristeza toca esos recuerdos.

La crisis se desencadena cuando el recuerdo de llorar el primer día de clase pasa a ser un recuerdo esencialy Alegría trata de evitar almacenarlo a toda costa, pero Tristeza y Alegría acaban perdiéndose. Riley comienza a llorar y Alegría no sabe cómo tomar el control de la situación por primera vez. Este es un buen ejemplo de esos momentos en los que la mezcla de emociones nos lleva a un período de confusión en el que no somos capaces de entender muy bien cómo nos sentimos.

Para encontrar el camino que queremos, podemos hacer poco más que asumir que en algún momento seguramente nos perderemosEn épocas de grandes cambios en las que tenemos que adaptarnos a nuevas situaciones, los períodos de crisis son necesarios y parece que muchas veces quisiéramos acelerar el proceso o incluso evitarlo a través de mantener una actitud constantemente positiva. Ojo, no es que piense que no deba tenerse esta actitud, creo que debemos mantener una actitud positiva siempre, pero no asumimos que esa actitud pueda acompañarse de tristeza, que tener una actitud positiva ante la vida abarque la posibilidad de darnos el permiso para sentirnos tristes. La tristeza puede ser positiva, y de hecho es un proceso prácticamente indispensable para llegar a conocer la felicidad o experimentar la alegría de manera totalmente plena.

Ira desencadena la reacción de rechazo ante una nueva situación que Riley no se siente capaz de procesar y provocará un intento de huida. Es el momento en el que Riley decide escaparse a Minnesota en un intento de volver a recuperar lo que tenía antes y Tristeza será la única capaz de retomar el control de las emociones de Riley, que ésta salga de su estado de bloqueo y se dé cuenta de que huir no es la solución a cómo se siente. Alegría asume que el papel de Tristeza es tan importante como el de ella y que los recuerdos pueden tener más de un “color”. Así será, por ejemplo, el recuerdo que guarde de la vuelta a casa y el momento en el que se derrumba delante de sus padres y estos la abrazan: un recuerdo agridulce, amarillo y azul.

La tristeza tiene un papel catártico imprescindible para que podamos gestionar nuestras emociones y sentimientos y hacer frente a situaciones que en un determinado momento nos sobrepasan. El cine ha mostrado esta situación en películas muy diferentes:la sed de justicia de Bruce Wayne y por lo que decide convertirse en Batman no existiría sin antes haber experimentado el dolor de la pérdida de su familia y haberse sentido invadido por la tristeza. Lo mismo sucede con Simba en El Rey León, que no volverá a estar en paz consigo mismo y a ser feliz hasta que enfrente la muerte de Mufasa y vuelva a casa.

Para encontrar el camino que queremos, podemos hacer poco más que asumir que en algún momento seguramente nos perderemos. Para poder salir adelante, a veces no nos queda más remedio que mirar atrás y soportar el peso del pasado sobre los hombros hasta que el propio cansancio nos haga tener la fuerza suficiente para quitarnos esa carga de encima y mandarla lejos. Para volver a caminar y afrontar lo que tenemos de frente, nada mejor que ponernos un poquito del revés.