El amor es el mejor antídoto para las emociones negativas y, además, lo llevamos incorporado de serie cuando aterrizamos en este mundo.


Todxs hemos tenido alguna vez la sensación de querer desaparecer, huir de todo y volvernos invisibles. Y también hemos sentido la necesidad de estallar, desahogarnos y gritar.

Hay ocasiones en las que, si pudiéramos, nos evaporaríamos como por arte de magia. Como los magos en el escenario ¡Plof! Dejando un profundo e inexplicable vacío.

Y es que somos tan vulnerables. Y es que nos creemos tan fuertes.

Seguramente tienes en mente alguna etapa estresante de tu vida o alguna ocasión en la que te has sentido incómodx y te has tragado tus pensamientos, sentimientos y sensaciones. O quizá no, quizá en esa situación explotaste y sacaste toda esa lava emocional acumulada.

Y es que las personas somos como volcanes, volcanes activos que podemos entrar en erupción en cualquier instante expulsando lava, gases y cenizas en forma de emociones y sentimientos.

Creo que todos en alguna ocasión de nuestra vida nos hemos visto desbordados y hemos sido magos o volcanes. Hemos necesitado desaparecer o explotar. Y lejos de querer causar dolor, pérdida o catástrofes, nos hemos sentido vulnerables, atacados y heridos.

Reconocer que somos vulnerables es aceptar con humildad lo que somos en esencia. Es quitarnos esa coraza que creemos que nos protegerá, una coraza que lo único que nos impide es sentir, SER, y no nos permite vernos a nosotros mismos ni mostrar nuestro gran tesoro interior.

Me viene a la mente la metáfora (un poco sangrienta) de extraer nuestro corazón y exponerlo. Visualizar este hecho es muy transformador. Es decir: Toma mi corazón, no tengo miedo, nadie puede herirlo si yo no se lo permito, porque es mío y está en mi interior. Pero quiero ofrecerlo al mundo y compartirlo. Quiero ofrecer mi amor.

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El amor es el mejor antídoto para las emociones negativas y además lo llevamos incorporado de serie cuando aterrizamos en este mundo. El viaje de la vida puede ser muy áspero sin nuestra propia conexión con nuestro interior. Sin nuestro propio amor interior.

A veces me resulta sorprendente la cantidad de tiempo y dinero que gastamos en belleza, moda y ocio. Necesitamos nutrirnos de lo externo, saciarnos temporalmente y, sin darnos cuenta, entramos en la rueda de necesitar llenar ese vacío con cosas que realmente se esfuman al cabo de poco tiempo. De este modo estamos continuamente sedientos (no es una crítica al consumismo, a mí me encanta ponerme guapa e ir de compras de vez en cuando).

Pero hay algo que no funciona y es que nos estamos olvidando de lo mejor del mundo, de lo que nos acompañará hasta el último suspiro. Y eso es nuestra propia esencia. Nuestra relación con nosotros mismos.

La inmensa mayoría piensa: “Yo no necesito descubrir nada”. Lo sé por propia experiencia, porque a mí me pasó. Yo me creía que ya lo sabía todo de mí misma y te aseguro que fue la mayor y mejor cura de humildad. Empecé a formarme como coach para ayudar a las personas y a la que más he ayudado ha sido a mí.

Y es que nos creemos tan fuertes. Y es que somos tan vulnerables.

A mí me encanta ser maga y volcán, me encanta desaparecer y explotar. Eso sí, mostrando mi corazón, mi esencia y mi vulnerabilidad. Con mi amor como bandera.

Desde nuestro amor todo fluye fácil.

Me encantaría ver tu corazón ¿me lo enseñas?