Cualquier persona es libre de decidir si quiere o no celebrar el día de San Valentín y cómo hacerlo. Nadie tiene derecho a criticar a otro por hacerlo o no.


Si el mes de febrero se caracteriza por algo es por el frío, el Carnaval y San Valentín.

El 14 de febrero de cada año millones de parejas se recrean en detalles y gestos de cariño, se hacen regalos o salen a cenar a algún restaurante bonito.  Las pastelerías preparan bombones, tartas y pasteles especiales, con forma de corazón y con “te quieros” escritos con crema o chocolate. Los restaurantes preparan mesitas con velas y menús específicos para ese día. Las floristerías venden ramos de flores a montones, y las joyerías también se frotan las manos por las ventas con motivo del día de los Enamorados. Gastos y gestos románticos serían por tanto los protagonistas del día.

Distintas posturas en torno al Día de los Enamorados

Alrededor de esta celebración, existen diferentes tipos de comportamientos en las parejas. Por un lado, nos encontramos a las parejas que deciden celebrar ese día de la forma descrita. Aprovechan a colmarse de palabras bonitas, a reservar noche en un hotel o cena en un restaurante especial. Y quizás, también, a regalarse perfumes, relojes, rosas, tarjetas, peluches… Por otro, parejas donde alguno de los dos o los dos, esperan corregir en San Valentín los errores y/o desatenciones del resto del año. Por otro lado, las parejas que se esfuerzan ese día por no seguir las pautas consumistas, que gritan a los cuatro vientos que no necesitan un día específico para expresarse lo mucho que se quieren. Por otro, parejas donde se vive ese día como uno más, pero tampoco critican que haya quien quiera celebrarlo. Por último, las parejas que ya se lo han dicho todo y donde el romanticismo hace tiempo que brilla por su ausencia.

¿Y los que no tienen pareja? En este caso, de nuevo encontramos distintas posibilidades. Están aquellos que lamentan no contar con un compañero/a con quien celebrar el día de alguna forma. Se sienten solos y desgraciados por no tener a alguien que les quiera, y esperan que la festividad pase rápido para no darle más vueltas. También los que, por el contrario, se reafirman en su condición de solteros, y aprovechan a afirmar que no necesitan una pareja. Están los que, convencidos de que el día de San Valentín es sólo una invención americana que lleva a volverse cursi y a dar un buen golpe a la cartera, se alegran de no tener una pareja que sí les exigiera pasar por el aro de la celebración. Por supuesto, también los que lo viven como un día más, y consideran que es decisión de cada uno el hacer algo especial o no.

Pero… ¿por qué se celebra San Valentín?

El origen de la festividad, como su celebración, también tiene diferentes interpretaciones. La teoría más extendida afirma que el Día de San Valentín empezó a celebrarse hace unos quince siglos. La razón sería anular la fiesta pagana de las Lupercales que se celebraba en la Antigua Roma todos los 15 de febrero, sustituyéndola por otra de carácter religioso. Así, el papa Gelasio I antepuso la festividad del santo  que caía justo un día antes: San Valentín.

Las leyendas contaban que San Valentín había sido un médico romano que se ordenó sacerdote, oficiando entonces numerosas bodas. San Valentín ofició en secreto las bodas de muchos soldados, a pesar de tener prohibido contraer matrimonio. Ante tal desafío, el emperador romano Claudio II ejecutó al sacerdote, haciéndole un mártir para las parejas de enamorados. De ahí que también se conozca el 14 de febrero como el Día de los Enamorados. El cuerpo del sacerdote se puede encontrar en la actualidad en la Basílica de San Valentín, en la ciudad italiana de Terni.

La festividad religiosa de San Valentín se estuvo celebrando hasta 1969, momento en que el papa Pablo VI eliminó la festividad del calendario. La explicación completa del origen de la festividad podéis encontrarla en el libroVuelve el listo que todo lo sabedeAlfred López.

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¿Qué opina la psicología sobre el día de San Valentín?

A priori, no debería existir ninguna razón para no celebrar un Día del Amor. De hecho, en una sociedad donde a menudo no se dedica suficiente tiempo a los seres queridos, es una buena idea que haya un día donde se nos recuerde que queremos y somos queridos. El amor es un tema sobre el que se componen muchos poemas y canciones, que causa felicidad y alegría, que nos hace preocuparnos por el otro.

El problema es considerar que el único amor importante es el correspondido por una pareja. Porque entonces estamos reduciendo la complejidad del concepto, limitando la celebración del Día del Amor, solo a una parte de la población. Sin embargo, si tomamos el Amor en todas sus clases, nos evitaríamos la sensación de soledad que sienten algunas personas al llegar San Valentín.

Debido a la presión social, no son pocas las personas (y, sobre todo mujeres) que se sienten fracasadas y menos válidas por no haber encontrado a su media naranja. En estos casos, los carteles y anuncios publicitarios no hacen más que golpear su estado de ánimo. Por otra parte si, como defendemos, cambiamos la perspectiva, se eliminaría esta problemática.

Así pues, debemos celebrar que amamos y somos amados por nuestra familia, nuestros amigos, nuestras parejas, y si nos ponemos hasta por nuestras mascotas. Os recomiendo volver a echar un vistazo a mi artículo “¿Amamos siempre de la misma manera?” donde os hablaba de los diferentes tipos de amor.

Por otra parte, no debería existir ninguna obligación de hacerse regalos ese día como demostración de amor. Primero, porque no es mayor el amor por grande o caro que sea el regalo. Segundo, porque los detalles o frases bonitas que se dicen ese día tampoco son prueba de amor. Tercero, porque si uno de los miembros de la pareja hace un regalo al otro, y éste otro no ha comprado nada, puede causarse una situación incómoda que afecte a la estabilidad de la relación. Nadie quiere escuchar “te quieros” obligados.

Por lo tanto… ¿A favor o en contra?

Pues ni a favor, ni en contra. Cualquier persona es libre de decidir si quiere o no celebrar el día de San Valentín y cómo hacerlo. Nadie tiene derecho a criticar a otro por hacerlo o no.

A modo de recordatorio:

  • No limites los gestos cariñosos con tu pareja y el resto de seres queridos a días concretos. Cualquier momento es bueno para expresar a alguien que le quieres.
  • Si quieres hacer un regalo a tu pareja, familia o amigos, no hace falta esperar a sus cumpleaños o a San Valentín. La sorpresa del detalle es mucho mejor recibida que un regalo hecho por obligación.
  • Nadie es más o menos válido por tener o no tener pareja. Eres válido/a por lo que eres, por cómo eres, por cómo te comportas por la gente que te importa.