Relájate, no te exijas tanto a ti mismo, déjate fluir, acepta quién eres y perdónate de verdad los errores que has cometido, pero aprende de ellos, sólo así tendrán sentido.


Es curioso cómo en numerosísimas ocasiones nos pasamos la mayor parte del tiempo reviviendo recuerdos del pasado o construyendo sueños sobre cómo será nuestro futuro. Es curioso, precisamente, porque la vida consiste en vivir aquí y ahora, y no antes ni después; no revivir el ayer ni aventurar el mañana. Puede parecer sencillo esto que digo, pero soy la primera a la que resulta sumamente complicado.

He crecido en esta generación donde todo el mundo se compara con todo el mundo, donde todos quieren ser mejores que los demás, o peor aún, donde se creen mejores por el simple hecho de ser más delgados, tener más dinero o contar con un sinfín de seguidores en sus redes sociales. Y yo, como tantos otros, he caído de lleno en este mundo donde, aparentemente, no eres mucho si no sigues los patrones marcados por la sociedad del momento.

Somos bichos raros los que empezamos a mirar más allá y queremos creer que un mundo nuevo, diferente y con muchas más posibilidades, es posible. Lejos de los parámetros estipulados  como lo que es normal y lo que no lo es, lejos de la avaricia del hombre en su ansía por su inminente mejora para hacer notar su superioridad con respecto a  los otros.

Vivimos en un mundo donde nos hace más felices que nos regalen los oídos por lo que aparentamos ser que el hecho de que nos digan lo que necesitamos escuchar sobre las consecuencias de nuestros actos. La cuestión es, ¿somos lo que creemos que somos? ¿Somos lo que aparentamos ser?

El hecho de descubrirnos a nosotros mismos es un proceso que necesariamente va ligado a un cambio en nuestras vidas. Necesité aprender a escuchar para darme cuenta de lo que estaba proyectando de mí misma en los demás, para entender por qué la gente puede a veces llegar a verte de una forma tan opuesta a cómo te ves tú a ti mismo.  Se trata de entender cómo es que estás proyectando  esto y no lo otro, de entender la dirección en la que estás vibrando.

Somos bichos raros los que empezamos a mirar más allá y queremos creer que un mundo nuevo, diferente, es posibleMuchas veces no somos conscientes de la cantidad de quejas que realizamos en general a lo largo de un simple día. No nos damos cuenta porque es a lo que está acostumbrado el hombre actual, que sumido en su afán de superación siente necesidad por lo que no tiene, llegando incluso a descuidar y menospreciar lo que sí tiene. Toda esta ambición y avaricia humana es el resultado de una intranquilidad interna, una fractura en tu corazón que te repite una y otra vez lo chiquitito que eres por no tener esto o aquello, como si el hecho de tenerlo fuera a cambiarlo todo. Pero si una cosa es cierta, es que nada del exterior puede dar paz al interior de uno mismo.

Todo ese equilibrio y sosiego, esa armonía, serenidad y tranquilidad que todos quisieran albergar dentro de sí, esa paz interior de la que muchos presumen, no llegará en verdad a la vida de uno hasta que uno se disponga realmente  a cambiar su vida, sus hábitos, sus costumbres,  su comportamiento y en definitiva, a sí mismo. No ocurrirá cambio alguno en tu mundo si tú no realizas ningún cambio en ti primero. Gandhi decía: “si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”.

Y es que si uno dejara de quejarse tanto por las cosas que no tiene o que le disgustan y se enfocara más en contemplar las cosas que sí tiene, podría cambiar los pensamientos que ha ido estipulando sobre su vida y con el tiempo cambiar incluso lo que siente sobre ella. Sería más fácil así cerrar  heridas que, en realidad, dábamos por cerradas sin estarlo del todo. Sería más fácil disfrutar más de cada instante, de cada momento, de cada aquí, de cada ahora… porque el futuro habría dejado de tener sentido.

Una vez llegados a este punto sabemos que el futuro no existe, que tan sólo se construye con cada “aquí y ahora” que vivimos.

Tenemos que aprender a saber cuándo nuestros sentimientos son de ira, de odio, de rabia, etc.,  porque las palabras que saldrán de nuestra boca en esos estados serán de todo tipo menos sensatas y coherentes, porque llevarán consigo el dolor de tu ego.

Ante cualquier adversidad no se trata de tener razón, no se trata de defenderte atacando al otro por sus desaires. Se trata de ser feliz, de estar en paz y en equilibrio en cada momento. Se trata de ser conscientes de nuestros propios sentimientos y lo más importante, se trata de entender que nadie nos puede herir si no le dejamos.

iStock_000004356712Medium

La mayor parte de las veces que discutimos nos falta tiempo para contraatacar con nuestros argumentos y razonamientos que justifican nuestros actos y ponen en duda los de otro u otros. Sin embargo, debemos de pensar que ya tendremos tiempo para tomarnos un respiro y minimizar el problema, porque es algo que siempre dejamos para el final, si es que lo hacemos.

Nos lanzan una flecha, tenemos una flecha en nuestro cuerpo y antes de quitárnosla intentamos averiguar desde dónde viene, quién nos ha disparado, cuándo empezó todo y por qué. Este es un ejemplo budista que simboliza para la filosofía oriental el sufrimiento, asumiendo que todo sufrimiento es generado por nuestra propia mente. El dolor existe, es inevitable, pero el sufrimiento no. Somos nosotros los que decidimos qué hacer con ese dolor que nos corrompe el alma, somos nosotros los que decidimos aferrarnos a los recuerdos o ideales de futuro que nos causan tanto daño. Nos recreamos con lo que fue y con lo que pudo ser, pero lo único que importa al final es lo que hacemos con lo que “aquí y ahora” es.

Sólo puede hacernos daño aquello a lo que demos importancia, a veces, por duro que suene, sufrimos inútilmente, pero no queremos aceptarlo, nuestros problemas parecen siempre los peores del mundo, precisamente, porque son los nuestros. Probemos por un momento, y tal vez luego uno detrás de otro, a dejar de dar tanta importancia a esas cosas que nos queman y torturan por dentro, probemos a no pensarlas, a no sentirlas. Desliguémonos emocionalmente de ellas, no por odio, sino por amor, por amor a nosotros mismos, para cambiar la perspectiva y el horizonte de nuestras vidas. Para permitirnos el cambio que esperamos. Para cambiar el modo en que vibramos y la imagen que proyectamos de nosotros mismos, porque la vida sólo es realmente vivida cuando uno acepta el movimiento que ésta trae consigo.

la vida sólo es realmente vivida cuando uno acepta el movimiento que ésta trae consigoLa mayoría de las veces asociamos la felicidad con tener algo, pero la felicidad es algo abstracto e instantáneo que solo puedes encontrar dentro de ti. No podemos permitir que las circunstancias que nos acontecen eliminen nuestra felicidad para el resto de lo que nos queda de vida o por tantos años… que parezca más bien que haya pasado  una eternidad desde la última vez que fuimos realmente felices. Tenemos que empezar a vivir lo que sentimos y a sentir lo que vivimos porque en eso consiste la libertad; siempre y cuando también respetemos la libertad y la dignidad del otro, aunque supongo que eso es algo que resulta fácil cuando uno está en paz consigo mismo.

Miremos a nuestro alrededor, a la gente que interactúa con nosotros, y reflexionemos sobre el modo en el que nosotros interactuamos con ellos. No somos perfectos. Nadie lo es. Cometemos errores. Otros también. Nosotros sufrimos. Ellos también sufren aunque no te lo cuenten. Perdónate tus errores y después olvídate de ellos. Olvida tus errores y olvida también los suyos. Acéptate a ti mismo, acepta a cada cual como es, al fin y al cabo, cada uno se comporta como sabe en cada momento, incluido tú. Y  todas las reacciones que has tenido hasta ahora eran fruto de lo que sentías y pensabas que sabías sobre ti mismo hasta este momento.

Las situaciones o las personas que pueden crisparte los nervios, que sacan lo peor de ti, que te hacen saltar el ego y centrarte en pensamientos y sentimientos negativos, son en realidad los verdaderos maestros de la vida, porque pueden demostrarnos que nosotros mismos todavía no estamos en paz y que tenemos que luchar contra nuestro propio ego. De lo contrario, no nos afectaría tanto un determinado conflicto o situación.

No se trata de que los otros cambien para que nos sintamos menos inseguros, se trata de que cambiemos nosotros teniendo claro lo que no queremos para sacarlo de nuestra mente. Pero como todo cambio, este también requiere un cierto esfuerzo de adaptación y fuerza de voluntad para continuar ante lo desconocido y diferente. Porque, en realidad, es el miedo nuestro mayor enemigo, él es quien nos paraliza. Se siente el miedo tan seguro en su comodidad que te hace a ti sentirte inseguro ante lo que te resulta incómodo.

Surfer-Walking-on-The-Beach-Wallpaper-HD-Widescreen

Sólo resulta beneficioso el temor cuando se teme que las cosas empeoren si no se hace algo. El resto de nuestros temores sólo nos convierten en esclavos suyos. Cuando pensamos, decimos, y actuamos por miedo no somos libres del todo en nuestras decisiones, estamos coaccionados por nuestros propios temores. Tan sólo cuando nos desliguemos de estos miedos y los vayamos dejando atrás para dejarnos fluir a nosotros mismos empezaremos a liberarnos, porque entonces ya no será el miedo quien dicte nuestras emociones.

El temor nunca es tan malo como uno se imagina, ten en cuenta que  el temor que se acumula en la mente es siempre mucho peor que la situación que existe en realidad. Cuando antes empieces a vaciarte de tus miedos, más rápidamente irás olvidando la seguridad que te aportaba tu vieja zona de confort y antes encontrarás una nueva. Pero tampoco debes terminar aferrándote y acomodándote en tu nueva etapa, porque tarde o temprano, todo fluye, todo llega y todo pasa. La vida es así, continuo devenir. Uno debe estar preparado para aceptar siempre los cambios que vayan llegando, porque nosotros también tenemos que cambiar con esos cambios, no podemos estancarnos, no podemos darle al botón de pausa.

Uno debe estar preparado para aceptar siempre los cambios que vayan llegandoSi observamos cambios y no avanzamos con ellos, sino que en lugar de eso exigimos  que sean otras cosas u otros los que cambien, entonces al final los que no cambiamos ni avanzamos somos nosotros mismos. Tenemos que ir observando los pequeños cambios para estar más preparados cuando lleguen los grandes, debemos anticiparnos al cambio en lugar de   reafirmarnos en la ilusión que sentíamos en el mundo de ayer.

Pero cuidado, porque si algo he aprendido es que, en lugar de desprendernos de relaciones antiguas directamente, debemos empezar por desprendernos de nuestros comportamientos antiguos.

No seas avaricioso, no quieras tenerlo todo habiendo tantos que tienen tan poco. Acepta lo que tienes, aprende a valorarlo. No importa que sea mucho o poco, sólo importa que sepas apreciarlo, agradecerlo y disfrutarlo para ser feliz y sentirte más cerca de tu paz interior.

Lejos de los pensamientos de angustia, de escasez y necesidad que te provoca la avaricia. No se necesita mucho para ser feliz, lo que se necesita es necesitar poco.

Acepta todo lo que te brinde la vida, incluso las lágrimas, ellas te enseñarán a amarte, a tener compasión de ti mismo, te enseñarán a cuidarte, a entenderte con tus errores porque eso es, precisamente, lo que significa ser humano. Llorar, reír, disgustarnos, alegrarnos… y es obvio, la dualidad está siempre con nosotros, acéptemosla, habrá momentos mejores y otros peores, porque la dualidad está para enseñarte lo opuesto de todo. Está para enseñarte la diferencia entre un camino u otro.  No importa cuántas veces caigas en el mismo camino, método o comportamiento que te ha conducido a error, lo que importa es lo que haces con esas caídas.

¿Eliges torturarte? ¿Eliges ponerte en el papel de víctima? O por el contrario, ¿eliges aceptar que llega un cambio?  -Madurar  es el resultado de aceptar que uno quiere un cambio en su vida, es el resultado de desligarse de toda creencia que no provenga únicamente de su corazón.

Relájate, no te exijas tanto a ti mismo, déjate fluir, acepta quién eres y perdónate de verdad los errores que has cometido, pero aprende de ellos, sólo así tendrán sentido. Acepta también lo que va viniendo, mañana sólo es otro hoy, otro aquí y ahora. En algunos momentos tendrás menos, en otros tal vez más, pero recuerda: no importa lo que tienes, lo que importa es lo que haces con ello.