Después de dos intentos fallidos, EE.UU. aprueba la llamada 'viagra femenina' en medio de una gran polémica que enfrenta a profesionales. ¿Qué es lo que esta pastilla pretende curar?


Azul o rosa. Esa es la cuestión. Pero está claro. Chicos, azul. Chicas, rosa. Podría ser la ropita que se les pone a los bebés cuando nacen, el color de sus habitaciones, la ropa de deporte o incluso la forma en que se diferencia una cuchilla de afeitar de otra. Si creíamos que no podíamos ir más allá, nos equivocábamos. Ahora hablamos de un fármaco, el más famoso del mundo. Viagra masculina, pastillita azul. Viagra femenina, pastillita rosa.

El final del verano llega con la noticia de que, en el mes de octubre, la viagra femenina verá la luz en el mercado después de dos intentos fallidos a la hora de ser aprobada. Ni los científicos ni los profesionales ni la sociedad se ponen de acuerdo. ¿Era realmente necesaria una viagra para las mujeres? ¿Cuál es exactamente el problema que se está intentando tratar? ¿Es efectivo este fármaco? Pero para mí, la gran pregunta es ¿SE PUEDE MEDICALIZAR EL DESEO SEXUAL?

Tenemos que remontarnos años atrás para situarnos en el origen de la mal llamada viagra femenina. Y digo ‘mal llamada’ porque, en realidad, poco o nada tiene que ver con la famosa pastilla azul. La viagra masculina, funciona a nivel vascular aumentando la sangre que llega al pene y provocando así la erección. Es decir, no aumenta el deseo del hombre, sino que permite el coito. Además, el hombre la consume de forma puntual, antes de tener relaciones. Sin embargo,  la flibanserina (comercializada como Addyi), actúa a nivel cerebral, modificando la actividad de neurotransmisores (sustancias que trasportan la información entre neuronas) y ha de ser consumida de forma diaria.

¿Se puede medicalizar el deseo sexual femenino?Pero a lo que iba. El laboratorio Boehringer-Ingelheim investigaba un medicamento para la depresión que resultó no ser efectivo. Sin embargo, durante los ensayos, los investigadores tomaron nota de que algunas mujeres decían haber aumentado sus pensamientos sexuales durante el tratamiento. Os podéis imaginar. La poderosa industria farmacéutica vio un suculento negocio: Aumentar el deseo sexual femenino o potenciar un trastorno -Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo, TDSH- que remendar a través de un fármaco.

Sin embargo, la agencia estadounidense de los medicamentos, la FDA, rechazó su aprobación en 2010 y en 2013, alegando que los efectos secundarios que podía ocasionar el fármaco, tenían más peso que su dudosa efectividad (tras tres ensayos clínicos, se concluyó que Addyi tenía una eficacia del 10% en lo que a la satisfacción final se refería, aunque no mejoraba el desempeño del acto sexual). ¿Efectos? Caída de la presión arterial, somnolencia y hasta desmayos, entre otros, síntomas que aumentan si se consume alcohol o se toma a la vez que otros medicamentos como la píldora anticonceptiva.

Viagra.G

A la tercera va la vencida

Con todo esto, ¿por qué motivo podría acceder a su aprobación la FDA ? Hay quienes plantean que detrás de esta decisión hay maniobras de marketing, intereses multimillonarios y hasta una guerra de sexos.

Esto último me sorprende enormemente. Y es que resulta que en EE.UU. se habla de que grupos feministas han apoyado esta causa con ahínco defendiendo el derecho de las mujeres a mejorar su vida íntima y acusando a la industria norteamericana de no querer aprobar el fármaco por su moral conservadora, es decir, por miedo al descontrol del deseo femenino ( y que ahora todas nos convirtamos en perras deseosas de sexo desenfrenado).

Hombre, el argumento tiene su lógica, pero aún así desconfío. ¿Son tantas las feministas que de verdad ven algo positivo en que se medicalice el deseo sexual? ¿A quién afecta, en última instancia, la falta de deseo? ¿Si no sientes deseo, por qué sientes que deberías desear? Son preguntas que me planteo y que dejo en el aire.

¿Cuánto hay de necesidad real y cuánto de interés económico?Según la psicóloga y sexóloga María Felipa Gea López, en una entrevista para El Mundo, puede que a pesar de que se tome Addyi, no se solucione el problema: “A veces, la respuesta está en factores más sencillos, como, por ejemplo, la educación y el autoconocimiento sexual “. Debemos entender el deseo como algo que hay que entrenar: “creemos que el deseo sexual debe aparecer antes de tener relaciones sexuales, pero no. Sobre todo en el caso de las mujeres, es como ir al gimnasio. Debes empezar a ir para poder generar el deseo de volver”, añade.

La libertad de las mujeres está más que bien, pero usar dicha libertad como táctica publicitaria no. ¿Cuánto hay de necesidad real y cuánto de interés económico? “Las mujeres, no menos que los hombres, merecen tener experiencias sexuales satisfactorias y relaciones íntimas gratificantes”, afirma Terry O’Neill, presidenta de la Organización Nacional para las mujeres (NOW), una de las asociaciones feministas que han apoyado la aprobación de Addyi. “No existe una norma establecida científicamente para la actividad y deseos sexuales y no hay pruebas de que el desorden de deseo sexual hipoactivo sea una condición médica”,  explica Adriane Fugh-Bermansora, profesora de farmacología de la Universidad de Georgetown, por otro lado.

Hay profesionales que incluso plantean que el Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo forma parte de una técnica de márketing en la que las compañías desarrollan las enfermedades al mismo tiempo que las medicinas. Suena todo a conspiración novelada, lo sé. Tendremos que esperar hasta finales de octubre para añadir más capítulos a esta serie que promete cambiar la historia de la sexología del siglo XXI. Crucemos los dedos para que sea para bien.