Lo personal es político. Y no hay nada más personal que el sexo. Al igual que la política es la representación máxima de ‘lo público’, la sexualidad de las personas es la representación máxima de ‘lo privado’.


Hay una frase archiconocida que surge en el feminismo radical de los años 60 (dentro de la tercera ola del feminismo): “Lo personal es político”. Después de dos siglos de luchas varias dentro de los distintos feminismos, que tienen como cima la consecución del voto femenino y la participación de las mujeres en la vida pública, llegó el momento de la conquista del ámbito privado.

Si me pilla pesimista, pienso que no solo nos hemos estancado, sino que hemos retrocedidoPensadoras como Kate Millet, con su Política Sexual, o Sulamith Firestone, con Dialéctica del Sexo, entran en escena con nuevos planteamientos que vienen a decir que está  muy bien luchar por cambios a gran escala, pero que también hay que atajar las cosas en la raíz. Siempre se había considerado que lo personal pertenecía al ámbito de lo privado/secreto (lo retrata muy bien el refrán ‘los trapos sucios se lavan en casa’), pero es en esta época cuando se plantea que no, que mientras se mantengan firmes las costumbres patriarcales ‘en casa’, será difícil cambiar la esfera pública.

Fueron grandes pensadoras estas feministas que encabezaron la Revolución Sexual Femenina y que marcaron el comienzo de la corriente feminista contemporánea (como decía antes, el feminismo de la tercera ola). Y entonces me planteo… ¿hemos avanzado? A veces pienso que no. Cuando me pilla el día optimista tiendo a pensar que nos hemos estancado en los años 60 y ahí nos hemos quedado, en los planteamientos, pero poco hemos hecho para introducir cambios. Sin embargo, si me pilla pesimista, pienso que no solo nos hemos estancado, sino que hemos retrocedido.

Woman Holds Up Brassiere

Cuando leo manuales escritos por feministas que vivieron estos tiempos de revolución sexual, como por ejemplo a Betty Dodson, con su Sex for one (traducido al español como Sexo para uno), o a Dossie Easton y Janet W. Hardy, con su Ethical Slut (en español, Ética Promiscua), veo claramente que hemos ido hacia atrás como los cangrejos. Es como si nos hubiésemos olvidado de muchos de los planteamientos de libertad sexual –o todos-  (o de libertades en general) que entonces sonaron con fuerza.

La política es la representación máxima de ‘lo público’, y la sexualidad lo es de ‘lo privado’Todo esto para llegar al momento actual. Estamos viviendo grandes cambios en la esfera política. Las últimas semanas han estado protagonizadas por unos cuantos ‘palazos’ a un sistema que llevaba años ensanchando sus murallas. Creo que quedan pocas personas que piensen que esta sociedad moderna no necesita ver tambalear sus bases para poder reconstruirlas de nuevo (y cada cual con sus ideas, por supuesto). Necesitamos acercar el sistema a la gente, hacer que recupere su humanidad. Por eso asisto con cierta ilusión a estos aires renovados –o que prometen serlo-.

Y como ya decían la feministas de los 60, creo profundamente que lo personal es político. Y no hay nada más personal que el sexo. Al igual que la política es la representación máxima de ‘lo público’, la sexualidad de las personas es la representación máxima de ‘lo privado’. Mi propuesta es que, cambiando la relación que tenemos con nuestra sexualidad (para mí, la base de la pirámide), reflejaremos un cambio enorme en los sistemas superiores de dicha pirámide.

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¿O es que de verdad creemos que nuestra forma de entender la sexualidad en nuestra vida privada no tiene un claro reflejo en la vida pública? Nuestra relación con la sexualidad dice mucho de cómo somos, de cómo nos sentimos, de nuestra forma de entendernos, de nuestra forma de relacionarnos con los demás. Nuestra sexualidad también habla de nuestra seguridad en nosotrxs mismxs y de nuestra fortaleza. Nuestra capacidad para ‘romper’ con los moralismos de una sociedad que nos controla en masa a través del control de nuestro campo más íntimo –nuestro cuerpo, nuestro sexo-.

Si rompemos con la ‘sexualidad tradicional’, donde lo correcto es ser heterosexual, monógamo, reproductor y cumplir con los roles de género, estaremos haciendo tambalear el resto de la pirámidePor eso, si rompemos con la ‘sexualidad tradicional’, donde lo correcto es ser heterosexual, monógamo, reproductor y cumplir con los roles de género (si eres hombre, ser ‘macho’, activo y con una sexualidad irreprimible e incontrolable. Si eres mujer, ser pasiva, no demasiado fogosa, controlada, casta y pura), estaremos haciendo tambalear el resto de la pirámide, teniendo la oportunidad de construirla de una forma más libre, que nos permita a todas y a todos ser como realmente queramos ser y probar distintas cosas hasta llegar a alguna conclusión. Sin juzgarnos, sin dejarnos fuera o dentro según las normas.

Son tiempos de cambio. Y tengo esperanza de que lo sean también –o sobre todo, ¡qué sé yo!- para la vida sexual. Lo sexual es político y lo político también es sexual. Cambiando las bases de nuestra vida íntima obtendremos cambios en la vida pública, pero es que también experimentando dichos cambios en lo público, reforzaremos las libertades en lo privado.

Gritemos al unísono: ¡Larga vida a la sexualidad libre!