Su día a día se desarrolla entre las paredes de la universidad, con proyectos de investigación sobre neurociencia, pero cuando llega la noche, Hermes saca a relucir todo el erotismo que contiene su mente.


Cecilia es una joven mojigata que ha crecido en una familia facha y del Opus Dei, en tiempos de la Transición Española. Nada menos. Pero en este crecimiento, este paso del tiempo que desemboca irremediablemente en la edad adulta, conoce a Julio, un joven atractivo con ideas religiosas y políticas bien distintas. Y con Julio descubre el placer, el de dejarse llevar y el puramente sexual. Juntos descubrirán límites para luego sobrepasarlos y demostrar que absolutamente todo lo humano está en la mente. Pero no todo será un camino de rosas. Retar a la moral y los valores establecidos también tiene su precio. Uno muy alto.

Cecilia y Julio desafiarán la forma en la que incluso hoy en día entendemos las relaciones, lucharán contra el mal de los celos y contra la idea de monogamia como única opción, hasta llegar a la idea de lo que hoy entendemos como poliamor. Sadomasoquismo, prostitución, amor, amistad, convicción, ideales, lealtad… y todo dentro de una misma historia que te absorbe tanto que te hace sentir en tu propia piel tanto enfado, celos u odio, como alegría, amor y cariño.

Su autor, Hermes Solenzol, un neurocientífico especializado en el campo del dolor y experto en BDSM y relaciones alternativas, comparte con lxs lectorxs de Malicieux Mag un poco más de esta historia que se ha convertido en uno de sus grandes amores.

Hermes, preséntate a las lectoras y lectores de Malicieux Mag.

Yo me definiría como un hombre complejo pero no complicado, que ha vivido mucho y tiene muchas cosas que contar. Sin embargo no me gusta ponerme pesado contando batallitas, así que en la vida normal me suelo quedar callado y escuchar. Hay cinco cosas en la vida que me apasionan. La primera es la ciencia, el ser capaz de descubrir y describir el maravilloso mundo en el que vivimos. La segunda es el erotismo, que para mí toma la forma de sadomasoquismo, la embriagadora mezcla de sexo y violencia. La tercera es lo que podríamos llamar “espiritualidad”: el buscar el sentido de mi vida a través de un proceso de autodescubrimiento y autotransformación. La cuarta son los deportes de aire libre que me ponen en contacto con la naturaleza: escalar, esquiar, bucear y hacer vela. La quinta, mi pasión más reciente, es escribir.

¿Cómo es que un neurocientífico tiene como álter ego a un escritor de novela erótica?

Yo siempre he querido ser escritor, pero mi vocación como científico tuvo siempre prioridad en mi vida. Mis primeros intentos de escribir ficción fueron completamente frustrantes. Luego, durante los años 90, di con libros que explicaban cómo se crea una historia, con su trama, su entorno, sus personajes… Era mucho más complicado de lo que pensaba, pero también más fascinante. Fue por esa época que escribí mi primera historia, en inglés, una aventura erótica de ciencia-ficción titulada “¿Qué hace una chica como tú en un planeta como éste?” No estaba mal, pero le veía muchas pegas. Decidí que lo que tenía que hacer es escribir divulgación científica. Tengo varios proyectos de libros muy interesantes, pero nunca conseguí ponerlos en marcha porque me resultaba imposible pasarme el día escribiendo sobre ciencia en inglés en el trabajo para luego llegar a casa y seguir haciendo lo mismo.

¿Qué fue lo que te empujó a escribir tu primera novela? ¿Cómo se da el paso de escribir textos a escribir un libro?

En 2009 pasé por una temporada de bajón en mi carrera científica y, para relajarme, me puse a escribir erótica en español. ¡Qué diferencia! A pesar de todos los años que llevo en Estados Unidos, escribir en mi lengua materna todavía me resulta mucho más fácil. Escribí una novela ambientada en Nueva Orleans, pero eso de que los personajes hablaran en inglés en mi cabeza y luego yo los tradujera al español no acababa de funcionar.

Me había vuelto muy aficionado a la serie de televisión “Cuéntame”, y un día se me ocurrió escribir algo ambientado en la España de la Transición que diera rienda suelta a mi nostalgia, como lo hacía esa serie… mi otra fuente de inspiración fue la novela “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes. En cuestión de unos meses sucedió algo maravilloso. No podía parar de escribir. Pensaba en Cecilia (la protagonista) todo el día y me tiraba hasta la una de la noche escribiendo. Ya no me apetecía irme a escalar o a bucear como hacía antes, sólo quería escribir. Tuve una operación de rodilla, resultado de una lesión de esquí, que me inmovilizó durante nueve meses, y casi me alegré. Escribí el primer borrador de la trilogía en un año, desde el verano de 2010 al verano de 2011. Me llevó otro año escribir el segundo borrador y tenerla lista para publicar.

¿Qué significa para ti Voy a romperte en pedacitos? Háblanos de la novela.

Como se puede deducir de lo que acabo de decir, estoy completamente enamorado de esta novela. La he leído varias veces y nunca me canso de ella. Es algo que no le suelo decir a la gente, para que no piensen que soy egocéntrico, pero el caso es que he escrito otras cosas y con ninguna me pasa eso. Al contrario, soy enormemente crítico conmigo mismo y si leo algo que he escrito y no me gusta, me da vergüenza. Lo que más me gusta no son las escenas de sexo, que acaban perdiendo el morbo, sino la dinámica de los personajes: las historias de amor, de despecho, de amistad, de búsqueda de la libertad. Los personajes viven dentro de mí. Cuando escribo, hablan solos, con sus propios manierismos… Lorenzo habla en “cheli” barriobajero y tiene la muletilla de decir “tía” o “tío”. Malena habla con un acento chileno precioso. Y Cecilia… Cecilia es tremenda, con los altibajos emocionales de una mujer real. No sólo la oigo, sino que la veo, casi la huelo. Llegué a obsesionarme con la idea de que el lector la tenía que ver como la veía yo… No me gusta eso de dejar algo a la imaginación del lector. ¡No señora! ¡Aquí el autor soy yo y la historia es como yo digo! Así que contraté a una dibujante para que me retratara a Cecilia, y la verdad es que lo hizo muy bien. Es el dibujo que aparece en el prólogo.

La evolución de Cecilia es tan grande que da vértigo…

En los libros que leí sobre cómo crear personajes te recalcan que es fundamental que los personajes cambien, que la historia los transforme porque si no nos parecería vacía. Así que empecé con una Cecilia que era el polo opuesto de lo que acabaría siendo: santurrona y un pelín facha. Luego cae en la trampa del amor romántico, lo que acaba haciéndole pasarlo fatal. No voy a decir lo que le pasa al final porque no quiero hacer spoilers, pero es algo que desafía a las expectativas de la mayor parte de los lectores.

¿De dónde salió Cecilia? Precisamente el sábado pasado me volví a encontrar con Cecilia, la mujer que dio nombre a mi personaje. Como mi protagonista, está buena, tiene el pelo negro y rizado, y es masoquista. A partir de ahí, mi personaje tomó un rumbo distinto… En ella se mezclan mi mujer, varias de mis amantes y yo mismo.

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¿Odias a alguno de tus personajes? Yo, desde luego, odié a un par en concreto, padre e hijo… ya me entiendes.

Los “malos” son personajes fundamentales en toda historia, porque son los que generan el conflicto que mueve la trama. Fíjate por ejemplo en la saga “La Guerra de las Galaxias”: Darth Vader es el personaje más carismático de la saga, y es malo, malísimo… capaz de destruir planetas enteros. De hecho, el protagonista de la saga es Anakin Sywalker / Darth Vader, y la trama principal es la historia de su caída y eventual redención. Sin llegar a tanto, Luis, el hermano de Cecilia, también sufre una profunda transformación.

A nivel alegórico, Cecilia y Luis representan las dos Españas que cambiaron en la Transición, la que no podía esperar a que sucediera el cambio y la que lo hizo a regañadientes y de forma traumática. Como no me parece realista que haya alguien completamente malo o completamente bueno, pongo algunas cosas buenas en Luis y al final lo hago redimirse un poquito. Hay dos personajes peores que Luis: el padre de Cecilia, quien es el responsable de que Luis sea como es, y Benito, que es quien lo incita a hacerle daño a su hermana. Ellos sirven como punto de referencia para hacer ver al lector que Luis podía ser aún peor.

Como escritor, yo veo a sus personajes de una manera distinta a como los ve el lector. Quizás porque todos los personajes, tanto los buenos como los malos, viven dentro de mí. Por eso yo creo que quiero a todos mis personajes, siento genuina compasión por los malos porque sé lo infelices que son y lo mal que lo van a acabar pasando. Por otro lado, el conseguir que la lectora odie a los malos y se enamore de los buenos es un gran triunfo para el escritor, porque eso quiere decir que ha conseguido su objetivo de suscitar emociones fuertes a través de los personajes y la trama.

Otra cosa es que un personaje esté mal hecho. Yo creo que mis personajes principales están bien creados, pero el que siempre me ha dado más problemas es Julio, el novio de Cecilia. Como suele pasar, Julio y Cecilia tienen problemas, y gordos. Pero como la novela está escrita para que la lectora se identifique con Cecilia, Julio acaba llevándose todas las culpas. Quizás si lo hubiera escrito desde el punto de vista de Julio, Cecilia, haciendo las mismas cosas que hace, parecería una zorra de mucho cuidado, y encima loca de remate. Pero como vamos siguiendo a Cecilia en su evolución, todo lo que hace nos parece completamente lógico. Es una pena, porque Julio es un gran tipo. Quiere mucho a Cecilia, pero tiene que superar sus propios problemas, que lo llevan a hacerle daño a Cecilia.

Cuando recomiendo tu libro a la gente siempre digo, como reclamo, “es una novela sobre sadomasoquismo y poliamor durante el franquismo” (aunque es durante la Transición Española, ya muerto Franco, pero para impactar más). ¿Crees que una situación como la que narras habría podido ser posible en esa época?

¡Ya lo creo! Los años 70 fueron una especie de paréntesis de libertad sexual, entre la revolución sexual de los 60 y el trauma de la aparición del SIDA en los 80, que nos llevó a todos (empezando por los gays) a refugiarnos en la pareja monógama tradicional. Durante los 70 es cuando empezaron a proliferar las parejas abiertas y lo que ahora se llama “mundo liberal”. Por ejemplo, podemos ver referencias a esto en películas de la época como “Buscando al Sr. Goodbar” y “Annie Hall”. En esta última hay una escena graciosísima en la que el cantante Paul Simon intenta convencer a Woody Allen y a Diane Keaton (a los personajes que representan, quiero decir) a ir a una fiesta liberal con él.

Durante los años 70 es también cuando se formaron las organizaciones BDSM de Estados Unidos. Esto lo transmito a través del personaje de Johnny, quien está basado en un amigo mío que vive en Nueva York, es miembro fundador de la Eulenspiegel Society y fue quien me dio la información sobre el ambiente sadomasoquista en Nueva York que introduzco en la novela.

Lo que no había en los años 70 es la cantidad de información sobre el sexo que existe hoy en día, sobre todo en materia de sadomasoquismo. Pero eso me viene de maravilla, porque así puedo mostrar como mis protagonistas exploran sus perversiones y como a menudo se equivocan.

¿Qué hay de ti? ¿Cómo cambió Hermes Solenzol con su propia historia?

Me cambió mucho, y eso fue algo totalmente inesperado. Lo más importante es que escribir esa novela me puso en contacto con mi corazón, con mis emociones. El sentimiento más claro que me comunica la novela es la compasión, y espero que los mismo le pase a mis lectores. Escribo desde un solo punto de vista, el de Cecilia, para que el lector se identifique al máximo con ella. Cuando Cecilia lo pasa mal, sufrimos con ella y así descubrimos la compasión. La propia Cecilia descubre la compasión en la tercera de las novelas, y es eso lo que le da la clave para resolver finalmente sus problemas.

Siempre se dice que cuando uno escribe una historia siempre cuenta parte de sí mismo, ¿es verdad? ¿qué hay de autobiográfico en tu novela?

Dicen que hay que escribir sobre lo que se sabe, y eso fue lo que me llevó a introducir muchos elementos autobiográficos en la novela. Por ejemplo, el “secuestro” de un autobús de esquiadores en Perpiñán del principio fue algo que me pasó en la vida real, ese mismo año 1976. Muchos detalles de esa escena son reales: el vendaval, la invasión de pájaros, las dos películas que ponían en el cine (Historia de O y Emmanuelle), encontrarme con el nombre de mi padre en un libro de Ruedo Ibérico titulado “Todos los hombres de Franco”… Luego, en el segundo capítulo, cuento la crisis religiosa que me llevó a dejar el cristianismo. En “Desencadenada” pongo en boca de Julio mis experiencias de la mili, y el Santiago que describo fue la ciudad donde pasé mi infancia. Muchas de las escenas de sadomasoquismo las hice en realidad… antes de escribirlas o después, para ver si me había equivocado en algo. También son autobiográficas las aventuras de Cecilia aprendiendo a escalar en La Pedriza. Hay mucho inventado, por supuesto… mi vida no ha sido tan dramática como la de Cecilia.

Si tuvieras que recomendar Voy a romperte en pedacitos, ¿cómo lo harías?

No tengo ni idea… Soy un científico medianamente bueno y me gusto como escritor, pero lo del marketing se me da fatal. Lo que pasa es que cuando empecé a husmear el mundillo de las editoriales me asqueó tanto que decidí que prefería vender sólo un puñado de ejemplares de mis libros a concederle mis derechos de autor a uno de esos monstruos. Por eso me autopublico en Kindle y Smashwords, que creo que son empresas que ayudan mucho al escritor novel y nos ofrecen una salida a la homogenización de la literatura que está ocurriendo a nivel mundial.

Por supuesto, quiero que se lean mucho mis libros… Más que por ganar dinero porque quiero compartir esa historia que me apasiona tanto con el mayor número de gente posible. Espero que con lo que cuento aquí haya gente que decida que les interesar mi trilogía.

Novela erotica Voy a romperte en pedacitos de Hermes Solenzol