Lulú es un personaje con el que fácilmente podemos caer en un juicio equívoco, de primeras y si no sabemos ver más allá, se la puede encasillar como “una golfa”.


Todavía recuerdo la primera vez que llegó a mis oídos, creo que no tenía ni trece años cuando mi amiga Celia me dijo que había visto una película a escondidas y me tenía que contar, se llamaba “Las edades de Lulú”. Me relató con detalles la escena del primer encuentro sexual entre Pablo y Lulú y se quedó grabada en mi memoria.

Cuando años después vi la película era tal y cómo me la había descrito mi amiga, aunque había cosas que no conseguí comprender entonces. En mi 19 cumpleaños, ya en la universidad, mis compañeras de clase me regalaron el libro, sabedoras de mi afición a la lectura erótica.

Leer este libro por primera vez fue una pasada, era algo totalmente diferente a lo que yo había leído y realmente me fascinó, me fascinó cómo Almudena Grandes plasmaba en esas páginas momentos de la vida sexual de Lulú que no eran maravillosos, cómo le hace una felación a Pablo hasta la náusea o cómo se le saltan las lágrimas por lo desagradable de aquella situación. Hay mucha tendencia en la literatura romántico-erótica actual a describir todo como maravilloso, y en este libro no, por eso en mi opinión es una joya literaria y a mí personalmente me ha influido mucho en la forma de escribir.

El libro “Las edades de Lulú” se llevó el ya extinto premio La sonrisa vertical en 1989, fue la primera obra publicada de Almudena Grandes. Un año después vio la luz la adaptación al cine de la mano de Bigas Luna. No se me ocurre un director mejor para ésta adaptación. Los papeles principales los interpretaron la italiana Francesca Neri y Óscar Ladoire como Lulú y Pablo, María Barranco como Ely, el  amigo transexual de éstos, papel por el que se llevó un Goya, también aparecen Fernando Guillén Cuervo y Javier Bardem en uno de sus primeros papeles.

La historia trata de Lulú, una “niña” de 15 años enamorada de Pablo, el mejor amigo de su hermano mayor. Después de un primer encuentro en el que supone la primera experiencia sexual para ella, él se marcha a vivir fuera y se reencuentran cuando Lulú ya es universitaria. Ambos han continuado con su vida pero al reencontrarse retoman una historia de amor y sexo basada en el rol de niña perpetua desempeñado por Lulú.

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Después de crecer en una casa donde todo se compartía y/o heredaba, en el seno de una familia numerosa, Lulú por fin se siente protagonista de la historia y vive unos años muy felices de la mano de Pablo, pero hay un punto de inflexión, un momento clave donde todo se trunca y ella decide dejar de ser esa niña eterna y se refugia en el sexo para suplir el vacío que siente. Lo que empieza como un intento por cumplir una de sus fantasías la arrastra a rincones oscuros de la vida nocturna madrileña.

Lulú es un personaje con el que fácilmente podemos caer en un juicio equívoco, de primeras y si no sabemos ver más allá, se la puede encasillar como “una golfa” que se tira a todo lo que se mueve, pero no es así. Lulú es un personaje que está deseando amar y ser amada, y que vive su sexualidad sin tapujos y es capaz de manifestar sus deseos y fantasías en voz alta, e incluso ir más allá e intentar satisfacerlas. Otra cosa es que el entorno que la rodea utilice eso para aprovecharse de ella y  satisfacer las suyas propias….

Hay mucho paralelismo entre la historia contada en el libro y en la película, básicamente porque es la misma historia, cambia algún pequeño detalle pero el mensaje es el mismo. Hay un par de diferencias claras, una es la secuencia de la narración y otra el final.

En el libro, la historia está narrada a modo de flashback que suponen saltos entre la historia del pasado, el presente y lo que va ocurriendo de nuevas; en la película la historia se presenta en orden cronológico. El final también cambia, aunque a grosso modo termina de la misma forma, sí hay matices distintos entre los dos finales y, sin destripar nada os diré que el final de la película es más “peliculero”.