Nueva entrega del poemario de nuestra colaboradora Irene Dueñas. Esta vez, dirgido a ti, al niño que llevas dentro, para tocarte en lo más profundo de tu ser.


No ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi.
Tenías el alma alegre y sonrojadas las mejillas.
Sentías la vida en la palma de tus manos y la acariciabas.

Jugabas a ser mayor,
recorriendo los campos que una vez cabalgaste,
sintiendo el viento curtir tu blanquecina piel.

Suspirabas alientos de esperanza,
mientras mirabas la vida pasar y el horizonte otear.

Ahora, noto en tu voz la vejez precoz de tu corazón.
Noto el latir de tu sangre fluir con menos brío.
Y el azul de tus ojos más frío.
Noto que notas que la vida pasa.

Que el tiempo transcurre
y que tú,
detenido en la inmensidad del universo,
ves cambiar los aires, los vientos,
y el baile de las hojas al caer.

Noto que, del mismo modo que el árbol
echa raíces y se fija al mundo,
como si nunca más fuera a desprenderse de él…
tú has enraizado tu alma
entre el amor de tus seres queridos.

Has vendido tu ser
a los corazones alegres de aquellos
que de alegrías colmaron el tuyo.

Tranquilo,
no soy la voz de tu conciencia,
no soy nada y lo soy todo,
pues soy la voz del tiempo que habitas.

La que susurra en tu alma:
vive, aquí y ahora, como un niño,
y se feliz.

Vive,
porque la vida no espera,
porque el tiempo no frena,
porque para todo hay un final,
un adiós, un último beso de amor,
un último recuerdo en el atardecer
de una noche tranquila.

Vive, como si fueras eterno,
porque también tus seres queridos
lo serán, tan sólo si así tú lo quieres.

Ámate mucho,
porque todo lo que tienes
es el amor que has heredado,
el amor que un día,
sabrá hacerte ver del mundo su valía.

Sin embargo,
estamos tan condicionados
por los factores externos,
que ya no sabemos amar de verdad;
y aún así te digo,
que el amor es lo que mueve el mundo,
o por lo menos,
mi mundo y el tuyo.

No temas.
No extrañes demasiado.
Vive con tus despedidas.
Vive con esos finales
que darán comienzo a nuevas etapas.
Siente su apoyo.
Siente su amor en tu alegría.
Siente su vida en tu aprendizaje.
Siente su temor entre tus miedos.
Siente el cambio de sus vidas en tu vida.

Siente el mundo entero.
Siéntelo todo o no sientas nada.
Pero hazlo, aquí y ahora,
porque eso es vivir mi querido niño.

Perderse, sí,
pero no en el ayer,
ni tampoco en el mañana,
si vas a perderte,
si vas a recordar vidas perdidas,
si vas a soñar mañanas no existentes,
si vas a vivir,
entonces mejor olvídate de todo,
y simplemente,
vive: aquí y ahora.

Porque algún día,
tu alma cambiará de rumbo,
tal vez incluso de cuerpo.

Porque algún día,
incluso el latido de tu corazón
cambiará su sonido
y de recuerdos colmarás a otros,
mas sólo aquí y ahora podrás construirlos.