Albergaba una mínima esperanza de corroborarse a sí misma que aquello era la tontería más fugaz del mundo. Qué maldita condición humana es ésta, que tenemos miedo a lanzarnos a vivir y buscamos con obsesión el martirio emocional.


La televisión alimentaba la ignorancia atrevida en el engaño de las mayorías. Qué fatalidad haber vivido esta época (aunque tampoco se le ocurría otra mejor).

Cuando algo le martilleaba el cerebro, tenía el poder de viajar a otra parte. Se encerró en sí misma y abrió los ojos inundada de sol y calor. Solo una imagen bastaba para curarle de la rutina.

En la decadencia mental más absoluta y con las manos vacías de espacio, se sentía pletórica con su existencia y se dejó volar. Volar donde la imaginación vestida de subconsciente, le dio un poco de aire. Cerró los ojos, mirando al mar, la máxima representación del devenir de la vida.

Albergaba una mínima esperanza de corroborarse a ella misma que aquello era la tontería mas fugaz del mundoEn un rato vería sus ojos y no era nerviosismo lo que sentía, sino pánico, las entrañas esbozando un cuadro de Dalí. Siempre creyó que el amor era un poco así, que empezaba con un crujido y acababa rompiéndote por dentro (y por qué no decirlo, en la mayoría de los casos, los planes). Nunca pensó llegado el momento cómo sería. Se sentía engañada. Frustrado intento de crecer para adentro y de verse al mismo tiempo más pequeña.

Albergaba una mínima esperanza de corroborarse a ella misma que aquello era la tontería mas fugaz del mundo. Qué maldita condición humana era ésa, que tenemos miedo a lanzarnos a vivir y buscamos  con obsesión el martirio emocional. Insufrible zona de confort por no soltarla y dejar que luchase con sus propios miedos perdonando antiguos recuerdos.

¿Y si probaba a dejarse llevar? Y que fluyera lo cursi, a lo Murfila, pensó. Y efectivamente, encontró a su mente follándose a la vida cual risa contagiosa. Nació  pájaro, tejiendo alas de libertad a los límites enmarcados en nuestras almas.

-Juguemos a un juego- le dijo mirándola a los ojos, empañándole sus reservas.

-Juguemos- soltó ella atacando las suyas.

-Imagínate que viajamos a dentro de 5 años ¿cómo te imaginas que sería tu vida entonces?

-Veo azul, rutina, brusquedad, crisis, ahogo, desasosiego, la ansiedad recorriendo la espalda y la política esclava de los medios hundiéndose entre miles de sueños rotos. Mi absurda zona de confort, mas manías, más reservas. Pero luego pienso en ti y en mi, y nos siento grandes, libres.

Y entonces, un solo beso le llevó hasta allí,

y a otros diez años más.