Si hay algo que caracteriza a las parafilias es que la fuente predominante de placer no procede del coito, sino de determinados detalles situacionales o físicos que lo acompañan o que constituyen en sí mismos la atmósfera erótica.


“¿Qué es lo más raro que has visto en tu profesión?”. “¿Cómo puede haber personas a las que les gusta que su pareja les orine encima?”. “¿Tienen los sadomasoquistas un trastorno mental?”. Éstas y otras preguntas similares me han sido formuladas en numerosas ocasiones. A la gente le pica la curiosidad. O, mejor dicho, le puede el morbo. Quizás son sólo preguntas inocentes, o quizás quieren legitimar algunas de sus fantasías más escondidas. La cuestión es que lo “raro” o menos común, llama la atención.

Fantasías, deseos y comportamientos

Que habrá quien únicamente fantasea con situaciones en las que mantiene relaciones coitales con su pareja en la postura del misionero, por supuesto. Pero que también hay muchas, muchísimas personas que tienen un nutrido mundo erótico interior, también. Al fin y al cabo, en nuestra cabeza solo mandamos nosotros.

Recordemos: fantasías, deseos y comportamientos. Es fundamental distinguir estos tres conceptos para comprender las parafiliasLas fantasías son únicamente imágenes mentales que recrean escenas que nos producen placer erótico. No significa que quieras hacerlo, puede que incluso tengas claro que nunca lo harías, pero te gusta imaginarlo. Por ello, las fantasías no son solo una buena forma de experimentar situaciones eróticas de forma completamente inofensiva, sino que además son la mejor herramienta en situaciones de bajo deseo. Encontrar aquello que te excita, que te pone, que te divierte… Y lo cierto es que los pensamientos no hacen daño a nadie. Por lo tanto, a veces hay que darse el permiso de fantasear sin miedo. Otra cosa es decidir si se quiere o no comunicar dicha fantasía a la pareja.

En cuanto a los deseos, se trata de fantasías que sí queremos llevar a cabo en la realidad, por lo que es conveniente evaluar las posibles consecuencias de los mismos. En estos casos, las personas buscan la forma para materializar dichas fantasías, esperando que así puedan satisfacer dicho deseo.

Cuando llevamos a cabo dichos comportamientos fantaseados, puede ocurrir que sean bien recibidos por la pareja (si se tiene) o no. Por ejemplo, una persona puede fantasear con ser amordazada o azotada por su pareja, de hecho ir dándole indirectas a la misma, pero si éstas no son tomadas como espera, puede que decida dejar por zanjado el asunto. Por ese miedo al rechazo, muchas veces tales deseos se quedan en eso. Y es que aquello que se sale de lo “normativo” o “frecuente” sigue dando, en general, un cierto respeto. Recordemos: fantasías, deseos y comportamientos. Es fundamental distinguir estos tres conceptos para comprender las parafilias.

Las parafilias

Dentro de la sexualidad humana, aquello que nos excita puede ser muy diferente dependiendo de la persona o incluso del momento o de la situación. Pero si esos pensamientos y/o conductas de los que hemos hablado se convierten en nuestra única fuente de excitación, si se vuelven obsesivos y si terminan afectando a nuestra vida o a la de otros, entonces dejamos de hablar de variantes o preferencias sexuales y pasamos a hablar de parafilias.

Si hacemos caso del origen griego de la palabra, “para”(=junto a) y “filein”(=amar), estaríamos hablando simplemente de un “amor paralelo al convencional”. Es decir, un conjunto de comportamientos eróticos que podríamos considerar extraordinarios dentro de un contexto histórico y social determinado.

Hasta aquí, nada apunta a que se trate de perversiones ni actos peligrosos. De hecho, cualquier práctica que se salga del coito heterosexual y con finalidad reproductiva, podría considerarse una parafilia. Y así era hasta mediados de los 70. La masturbación, las relaciones eróticas homosexuales, el sexo anal o el consumo de pornografía, fueron considerados en el pasado desviaciones sexuales. Lo que demuestra que, entre otras cosas, el paso del tiempo puede “normalizar” ciertas conductas.

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Si hay algo que caracteriza a las parafilias es que la fuente predominante de placer no procede del coito, sino de determinados detalles situacionales o físicos que lo acompañan o que constituyen en sí mismos la atmósfera erótica, en ausencia de coito. Pero dentro de esta característica podríamos incluir tantos juegos eróticos, que se hace precisa una definición más concreta.

Las parafilias solo pueden considerarse tales si son exclusivas o recurrentes, duraderas y nocivas De acuerdo con la Asociación de Psiquiatría Americana (APA, 2014), existen varios tipos de parafilias, que repasaremos a continuación. Para poder hacer un diagnóstico de las mismas como trastorno sexual es importante valorar si el individuo en cuestión ha cumplido sus deseos con una persona que no ha dado su consentimiento y si tales deseos le influyen negativamente a nivel social, laboral u otros, así como la presencia de estos deseos y/o comportamientos durante al menos seis meses.

  1. Trastorno de voyeurismo. Existencia de excitación sexual intensa derivada de la observación de una persona desnuda y/o realizando una actividad erótica.
  2. Trastorno de exhibicionismo, habiendo de especificar si ante niños, adultos o ambos. Consiste en la excitación sexual intensa producida por la exposición de los propios genitales a otras personas.
  3. Trastorno de frotteurismo. En este caso hablamos de excitación sexual intensa derivada de os tocamientos o fricción contra una persona en ausencia de consentimiento.
  4. Trastorno de masoquismo sexual, habiendo de especificar si incluye o no la asfixiofilia (placer derivado de la asfixia). En este trastorno, la excitación proviene del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido de alguna forma por otra persona.
  5. Trastorno de sadismo sexual. Existencia de excitación sexual intensa proveniente del sufrimiento físico o psicológico de otra persona.
  6. Trastorno de pedofilia, habiendo de especificar si es de tipo exclusivo o no exclusivo, y si se da únicamente por uno de los dos sexos o ambos o si se limita al incesto. En este caso, la excitación proviene de las fantasías o comportamientos que implican actividad sexual con uno o más niños prepúberes.
  7. Trastorno de fetichismo. En este caso la excitación se deriva de un interés específico ya sea por una parte(s) del cuerpo, por objeto(s) inanimado(s) u otro.
  8. Trastorno de travestismo. Consiste en la excitación sexual intensa que nace del hecho de vestirse de acuerdo a lo que se considera propio del otro género.

Otras parafilias que seguro que has oído son la zoofilia (animales), la necrofilia (cadáveres), o la coprofilia (materia fecal), pero aquí te nombro algunas que quizás también te sorprendan: acrotomofilia (excitación sexual hacia personas con miembros amputados), acucullofilia (atracción por penes circuncidados), candalagnia (excitación al ver a tu pareja manteniendo relaciones eróticas con otra persona), lactafilia (excitación producida al ver a una mujer amamantando a un bebé), menstruofilia  (atracción sexual por mujeres menstruando), etc. ¿Te resultan curiosas? Prueba a buscar por internet, hay listas que recogen más de cien diferentes.

Para terminar, recuerda que debemos diferenciar las parafilias del uso de fantasías o de comportamientos sexuales menos comunes (y no por ello patológicos). Si una pareja disfruta realizando un juego de roles de dominación-sumisión como parte del juego erótico consentido, o si deciden estimular su vida erótica introduciendo objetos en sus encuentros sexuales, no significa que tengan una parafilia. Las parafilias solo pueden considerarse tales si son exclusivas o recurrentes, duraderas y nocivas para el propio individuo o para terceros.