El paquete (no, ese paquete no) llevaba varios días encima de la mesa. La verdad es que no me sentía del todo motivada para abrirlo y probármelo y, para ser sincera, estas cosas hay que probarlas CON GANITAS. El caso es que estaba yo un poco chof una tarde y decidí darle una alegría al cuerpo, que a una no le regalan joyas eróticas todos los días.

Los toqué con cuidado, disfrutando del tacto y del frescor sobre mi pielLo primero que me sorprendió al abrir las cajas fue lo poco que ocupan las pulseras y el collar. Lo segundo, lo absolutamente ideales que son. Lo tercero, la gran versatilidad que tienen, aunque de primeras no te lo parezca.

Tanto las esposas como el collar son dorados y metálicos, pero SÚPER SUAVES. Los toqué con cuidado, disfrutando del tacto y del frescor sobre mi piel. Después me desnudé y me los coloqué, lo que rápidamente (muy rápidamente) me subió el ánimo. Me miré al espejo, hice un par de posturitas y mandé un par de fotos hot a mi partenaire (que a mí esto del sexting me pone mucho). Flipó, claro (que soy yo mucha hembra –o mis joyas de Bijoux mágicas, elijan la opción más decente-).

Así que como ya tenía el ánimo subido, me pinte los labios de rojo, me puse máscara de pestañas y me rocié (bien) el cuerpo de perfume del caro. Y justo ahí, me di cuenta de que ¡no había abierto la máscara de vinilo! (modelo Dalila de Bijoux Indiscrets). Uy, uy, uy. Menuda fiesta me iba a pegar.

Reconozco que, o soy muy torpe o me costó un pelín pegar el vinilo a mi cara. Además, la máscara de pestañas chocaba con la máscara y ésta se me movía, pero al final, conseguí fijarla lo justo para hacerme unos selfies (no solo para mandarlos, que también –no me subestiméis-, sino para adjuntarlos a este texto que iba a compartir con ustedes). Eso sí, el resultado es de la más erótico. La máscara de vinilo es pura sofisticación sexual.

Las pulseras vuelven a convertirse en esposas con facilidad, solo con enganchar la cadenita que las uneMe sentía muy diva. Y así estuve yo esperando hasta que me entró frío y decidí taparme un poco. Entonces, pude comprobar que tanto las esposas metálicas (que se pueden separar y usar como bellas pulseras) como el collar quedan fenomenal con ropa sofisticada. Ropa que, en cuanto mi chico llegó, decidió quitarme a la velocidad de la luz (¿veis como las fotos son efectivas?) para poder disfrutar ya más de cerca de los sensuales diseños de esta firma barcelonesa que me hace morir de amor.

¡Ah! Las pulseras vuelven a convertirse en esposas con facilidad, solo con enganchar la cadenita que las une. Pero si encima atar forma parte del juego… EL PLACER ESTÁ ASEGURADO.