Pensemos en una noche entera de sexo con alguien a quien acabamos de conocer. Imaginemos que se genera esa intimidad que une, que no hay una historia común o una rutina que lastre.


¿De qué hablan dos personas que se acaban de conocer y han tenido sexo? ¿Qué tipo de relación se establece entre ellas? Estas preguntas son la base de “En la cama”, una película chilena de 2005 dirigida por Matías Bize. Bruno y Daniela son una pareja que se ha conocido hace unas horas en un café y han alquilado una habitación en un hotel para tener un encuentro sexual y pasar la noche juntos. No saben nada del otro, ni siquiera sus nombres, pero tras el sexo, estos dos extraños perciben que entre ambos se ha creado cierta química.

Algunas películas más hay sobre cómo la intimidad sexual con un desconocido acaba uniendo, cómo se genera esa “cierta química” que no es solo ficción, también puede pasar en la realidad. Entonces es cuando nos “enamoramos” de ese hombre/mujer con el que no compartimos nada más que uno o varios momentos de sexo. Y parece ser que esto es así en gran parte por culpa de (o gracias a) la oxitocina.

También conocida como “la hormona del amor”, la oxitocina se genera, entre otros estímulos, por la succión del pezón y la estimulación de los genitales. Su presencia es notable no solo en relaciones sexuales, sino también en los lazos que se establecen entre una madre y su hijo (se libera en gran cantidad durante el parto y la lactancia).

Ciertos autores aseguran que los niveles de esta hormona en sangre aumentan durante el acto sexual tanto en hombres como en mujeres. Así, durante el orgasmo, esta hormona provoca contracciones uterinas (para ayudar al desplazamiento de los espermatozoides en su carrera hacia el óvulo). Otra consecuencia de su liberación, que es la que aquí más nos interesa, es que esta substancia crea y refuerza los lazos románticos y fomenta la fidelidad. Es decir, esas ganas de abrazar a nuestra pareja tras el sexo, las provoca nuestra querida oxitocina.

No solo esta hormona está presente en las relaciones sexuales. La dopamina y la serotonina son otras substancias que desempeñan un importante papel. La dopamina se eleva durante la cópula y el orgasmo. Se la conoce como la “hormona del placer” e interfiere en procesos adictivos (por eso el sexo engancha). La serotonina regula el deseo sexual actuando como afrodisíaco. Y a nivel general, mejora nuestro estado de ánimo.

Volvamos a la sinopsis de la película “En la cama” y pensemos en una noche entera de sexo con alguien a quien acabamos de conocer. Imaginemos que se genera esa intimidad que une, que no hay una historia común o una rutina que lastre, que además tenemos muy altos los niveles de oxitocina y dopamina y… resulta que estamos en Las Vegas. Pues, en un impulso irracional, iríamos a que nos casara Elvis. Cuánto duraría ese matrimonio, ya sería otra historia.

No desvelaré si Bruno y Daniela, la pareja de “En la cama” se casan o no. Pero, resumiendo, es una película con oxitocina. Por cierto, la española “Room in Rome” (dirigida por Julio Medem, 2010) se basó en esta predecesora chilena y situó la trama en una habitación con dos mujeres. La hormona del amor no entiende de sexos.