El libro lanza desde el principio a bocajarro pantalones bajados, faldas subidas, medias rotas, sexo fluido, orgasmos intensos, quejidos silenciados…


Estoy en el aeropuerto mirando los aviones aterrizar y despegar desde las cristaleras. Me imagino vestida con una falda ajustada de otomán azul, una camisa sedosa de chantung blanca que resbala por mis pechos rozándolos levemente. No llevo sujetador, lo que hace que el tacto de la tela sea como una caricia. Comienza el embarque. Me indican el asiento, me acomodo, me recuesto y pienso: esto es todo culpa tuya Emmanuelle.

Una mesa llena de libros viejos me llama la atención, y la portada negra con un triángulo rosado tirando a malva capta mi mirada. Siempre lo hace, siempre acabamos encontrándonos en algún punto de un mercadillo callejero. Es La sonrisa vertical, la biblioteca del erotismo que amenaza con invadir mis estanterías y no dejarme conciliar el sueño por fantasear despierta frente a las páginas de sus libros. Esta vez ha sido ‘Emmanuelle, la lección de hombre’ la que ha caído en mis manos. Un clásico, lo sé. Conocía el libro de oídas y de verlo en las listas de libros eróticos que toda aficionada a la literatura erótica debe leer, pero soy desobediente por naturaleza y hasta ahora no lo había hecho. Ha llegado su momento y ésta ha sido la sensación con la que me ha dejado.

Emmanuelle comienza con un tono de misterio. La protagonista se encuentra en Londres donde va a coger un avión hacia Bangkok. Está algo aturdida, desorientada. La descripción del ambiente y de sus sentimientos es muy cercana, muy real, el o la lectora casi puede sentir sus preocupaciones e inquietudes. Desde el principio nos damos cuenta de que Emmanuelle no es una chica cualquiera, además de por ir muy acomodada en su viaje, por cómo concibe el mundo. Cómo lo reflejan sus pensamientos. La escritora nos lleva a través de las palabras hacia su mundo interior en el que todo se transforma en una sensación intensa. Leo el libro con el pensamiento fijado de que es una obra erótica, por lo que espero ansiosa las primeras escenas de erotismo y sexo explícito. No me hace esperar. Una vez comenzado su viaje aéreo, comienza el mío por sus primeras aventuras. El avión se convierte para ella en un mundo de sensualidad y erotismo. Para mí, en una nueva fantasía. Su acompañante cumple con los requisitos que ella cree que debe tener un buen compañero de asiento, ser educado y elegante. Su aspecto le hace sentir algo ahí abajo y la incursión entre sus bragas, amparados bajo la oscuridad del vuelo nocturno, abre la veda de escenas sexuales del libro.

Emmanuelle

 

A partir de aquí Emmanuelle se convierte en el deseo hecho carne. Persigue nuevas sensaciones y experiencias continuamente. Su cuerpo es el templo del placer. Lo prueba constantemente. Le gusta sentir la pasión recorriendo su piel. Le hace estremecer. Se descubre como un cuerpo vibrante, sexual y sediento. Jean, su marido, la recibe y le tiene preparado un nuevo mundo donde el sexo será el ingrediente principal. En su círculo de europeos acomodados residentes en Tailandia, los flujos de deseo corren entre ellos. No hay horas determinadas para el sexo, ni roles, ni géneros. La mezcla entre los cuerpos es tan constante que a veces no se distingue quién es quién. El libro sigue su curso entre nuevas experiencias, mujeres y hombres que confiesan sus fantasías y affaires hasta un punto clave. Mario. Mario es un hombre maduro, con aspecto ambiguo. Emmanuelle se acerca a él a través de sus amigas y compañeras de juegos. Al principio no tiene muy claro como tomarlo. Se lo presentan como un hombre gay, con gustos refinados y muy sabio en cuanto al aspecto sexual se refiere. Sin embargo, ella lo encuentra embaucador, sin definición, comprometedor y provocador. Mario es la sabiduría sexual en persona. Aparece en el libro como el oráculo que va a enseñar a Emmanuelle lo que es realmente el sexo y la sexualidad humana. Qué es el placer, cómo se debe gestionar, dar y recibir. Le va a aleccionar sobre los placeres mundanos y cómo ha de disfrutarlos.

El libro lanza desde el principio a bocajarro pantalones bajados, faldas subidas, medias rotas, sexo fluido, orgasmos intensos, quejidos silenciados… constantemente las letras se tambalean por la fricción entre los cuerpos y las embestidas de orgasmos que llegan al segundo. Tal vez demasiado reiterativo y a veces con falta de sentido. Me gustan los libros eróticos y que éstos sean explícitos, porque si no es como que les falta algo, pero para ser sincera, me ha parecido que Emmanuelle, la lección de hombre nos lanza demasiado a la ligera hacia una escena de sexo. Se siguen unas a otras casi sin historia de por medio. Sin embrago, cuando aparece Mario todo se detiene. Las páginas se alargan, las conversaciones se convierten en profundas reflexiones y sexo queda relegado solo a las palabras de los personajes y como pura filosofía. Es un frenazo repentino al llegar al borde del precipicio que te deja con una sensación agridulce. Pasando páginas y páginas esperando o mejor dicho deseando que recupere el ritmo del principio.

Emmanuelle cala más por la fama que arrastra que por la calidad de sus páginas. Es una historia entretenida y altamente sexual que recomiendo leer con otra persona, pues es una forma diferente y muy efectiva de ponerse a tono. Aunque prefiero otros libros de este estilo que me provocan una sonrisa vertical desde el principio hasta el final.