Cuando vi que existía una pintura corporal con sabor a donut, cereza o caramelo, además de los dos sabores clásicos, no pude resistirme. Me pirran los donuts o las cerezas. Para mí no hay fruta más sensual que la cereza.


Hoy me quiero confesar. Sí. Así, tal y como suena. Me quiero confesar con vosotros. Pero lo quiero hacer de una forma diferente, no os vayáis a pensar que os contaré todos mis pecados. Solamente quiero que sepáis algo más de mi.

Lo primero es que tengo cosquillas por todo el cuerpo. Os puede parecer tremendamente divertido. Puede ser tremendamente divertido para alguien al que le gusta hacer cosquillas, alguien que da la extraña casualidad de que es mi pareja. Él adora hacerme cosquillas y a mí me pone nerviosa. Como él no puede estar sin hacerme rabiar un poquito, yo me propuse buscar una forma en la que sus cosquillas se volvieran agradables para mí.

Lo segundo que os quiero confesar es que me encanta hacer cosas nuevas, viajar a nuevos sitios, disfrutar de nuevos sabores… experimentar al fin y al cabo. (Aunque creo que esto ya lo sabíais.)

Una vez claros estos dos puntos, os diré que el otro día le sorprendí con un regalo de navidad adelantado. Le dije ¿qué te parecería si pudieras hacerme cosquillas, que a mi me gustasen y te comieras un donut a la vez? Creo que no hay palabras para describir su enorme sonrisa y sus ojos deseosos de saber cómo iba a poder hacer todo eso. La respuesta es sencilla, le dije, Poême de Bijoux Indiscrets.

Nunca he visto una expresión cambiar tan rápido de una gran alegría a un absoluto desconcierto. Espera le dije. Armada con mi pluma y mi botecito de tinta dorada, me tumbé y, empecé a escribir palabras y pintar líneas y formas en mis brazos, en las piernas, en el abdomen, por el pecho… Cuando le miré volvía a sonreír. No tuve que decir mucho más. Rápidamente se tumbó conmigo. Las únicas palabras que había entre nosotros, eran las que nos escribíamos el uno al otro por todos los sitios.

La verdad es que no sé que viajaba más deprisa, si la pintura de un cuerpo a otro, la pluma acariciando cada rincón que la pintura se había olvidado de llenar, unas cosquillas más divertidas o el festín que nos estábamos pegando en forma de donut.

Creo que ha sido una de los mejores juegos en pareja que hayamos podido hacer. Además, después de todas las cosquillas, viene la segunda parte: la ducha. No solo porque estaréis un poco pegajosos, sino porque querréis bajar un poco la temperatura… o subirla más. Eso lo dejo a vuestra elección.

 

Lo que no dejo a vuestra elección es que no disfrutéis de una experiencia como la mía. Cada vez que consultaba las pinturas corporales no le veía demasiado partido, sobre todo porque no había más opción de sabores que el chocolate o la fresa y a mí ninguno de los dos me hace especial ilusión. Eso sí, cuando vi que existía una pintura corporal con sabor a donut, cereza o caramelo, además de los dos sabores clásicos, no pude resistirme. Me pirran los donuts o las cerezas. Para mí no hay fruta más sensual que la cereza. Y si el sabor está tan conseguido como el de los donuts, es el siguiente en mi lista.

El pincel es una pluma que no sólo sirve para escribir, sino que aún cuando se acabe el bote, la pluma nos sirve para seguir jugandoEl sabor era una de las dudas de mi pareja. Después de nuestras duchas, hablamos sobre la pintura, y él estaba encantado con el sabor: dulce pero sin ser empalagoso, sabe a donut y dice que mejora aún más en contacto con la piel. Doy fe. Solo os diré que ahora cada vez que veo el bote, me entra hambre.

Por eso ni que decir tiene que el frasquito está ya a la mitad. Y no es pequeño, son 50 gramos de pintura. Además el color te atrae. No es uno de esos botes en los que no ves qué es lo que vas a comer hasta que no lo echas, ni tiene el tono oscuro del chocolate, que como ya os he dicho, no me emociona. Es dorado, brillante, en la piel es como si llevaras purpurina. No sé si será porque me gusta todo lo que brilla, pero me gusta.

Otra cosa que nos ha gustado en comparación con otras pinturas es que en esta, el pincel es una pluma que no sólo sirve para escribir, sino que aún cuando se acabe el bote, la pluma nos sirve para seguir jugando. No es el típico pincelito o tienes que escribir con los dedos, cosa que también se puede hacer, porque llega un punto en el que los dos querréis la pluma para escribir, y tendréis que echar mano de otras cosas.

Después de todo lo que os he confesado, os diré una cosa más: me voy a seguir escribiendo… en otra parte.