La estimulación de la próstata durante la penetración anal puede llevar a los hombres a experimentar nuevas formas de placer y orgasmos más intensos y prolongados, pero eso requiere dejar atrás poderosos tabúes culturales.


Los hombres damos por hecho que nuestra única fuente de placer es el pene y que el orgasmo masculino se reduce a esos pocos segundos que tarda en completarse la eyaculación. Sin embargo, resulta que eso no es cierto y que en el cuerpo masculino existen otras fuentes de placer que no son el pene y que al estimularlas nos pueden llevar a experimentar orgasmos distintos al de la eyaculación. En otro artículo hablaba de cómo el estimular los pezones puede hacer gozar tanto a los hombres como a las mujeres. Ahora quiero hablar de otra parte de la anatomía masculina que es capaz de proporcionarnos un enorme placer: la próstata.

El acceder al placer de próstata requiere que reconozcamos la estructura de privilegios y prohibiciones que encierra a los hombres en una cárcel psicológica donde les son vetadas maneras de ser y sentirLa próstata es una glándula situada entre la base del pene, la vejiga urinaria y el recto, y que es atravesada por la uretra. La función de la próstata es la de secretar un líquido que constituye un 30% del semen, el resto del cual es producido por las vesículas seminales. El semen sirve para mantener vivos a los espermatozoides, que son producidos en los testículos y son la célula que llevan la mitad del material genético que dará lugar al embrión.

Durante la eyaculación, los músculos del suelo pélvico que rodean a la próstata y las vesículas seminales se contraen enviando el semen hacia el pene. El placer que se produce durante la eyaculación proviene, en parte, de la próstata al contraerse. Quizás sea por eso, que la estimulación de la próstata produce placer, que sin embargo es una sensación bastante distinta a la que produce la estimulación del pene.

El problema es que la manera de estimular directamente la próstata es desde el recto, penetrando el ano, lo que presenta barreras importantes psicológicas y culturales para muchos hombres. Existe un fuerte tabú cultural que propugna que es indigno para el hombre el ser penetrado, que eso es algo sólo propio de la mujer y que el hombre es feminizado cuando se lo penetra.

Ese tabú impone que la única manera aceptable para el hombre de obtener placer es a través de la estimulación del pene, preferiblemente durante el coito con una mujer. El placer que podamos derivar de que se nos acaricie otras partes del cuerpo, como el culo o los pezones, también es femenino y por lo tanto inapropiado para los hombres.

Este bagaje cultural es aún más profundo: en él se asocian la penetración a la sumisión y la derrota. Todo esto se nos trasmite desde jóvenes a través de frases que todos conocemos: “dar por culo” es molestar, “irse a tomar por culo” es ser vencido, etc. El mensaje implícito es que ser hombre es un privilegio, conlleva ventajas que no se les dan a las mujeres y a los niños. Pero el acceder a él se nos impone la obligación de “portarnos como un hombre”: ser fuertes, recios, luchar con valor, trabajar duro… y renunciar a ‘formas femeninas de placer’.

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A los hombres afeminados se les niega el privilegio masculino y se los relega, en las sociedades patriarcales, a un plano inferior incluso al de la mujer. Pero son precisamente ellos, los gays, quienes mejor conocen las fuentes alternativas del placer masculino: los pezones, el ano y la próstata.

El acceder al placer de próstata, por lo tanto, requiere en primer lugar un cambio profundo en nuestra mentalidad: que reconozcamos esta estructura de privilegios y prohibiciones que nos encierra a los hombres en una cárcel psicológica donde no sólo no podemos acceder a ciertos placeres, sino que nos son vetadas determinadas emociones, determinadas maneras de ser y de sentir. Es por eso que, curiosamente, el ser penetrados nos puede servir no sólo para aceptar un placer distinto, sino como un auténtico proceso de liberación mental y de apertura hacia otra manera de ser hombres.

Hecha esta necesaria reflexión, ¿cómo se estimula la próstata en la práctica? Usando una buena dosis de lubricante nos introduciremos un dedo en el ano. Recorriendo la pared anterior del recto, pronto notaremos un bulto blando del tamaño de una nuez: esa es la próstata.

Al principio, presionar la próstata produce una sensación más bien molesta, a menudo asociada con ganas de orinar. Por lo visto, ésta es la misma sensación que sienten muchas mujeres cuando se empieza a estimular su punto G desde dentro de la vagina, lo que no es sorprendente ya que la glándula de Skene situada tras el punto G es la próstata femenina.

Entonces, ¿dónde está el placer prostático del que hablaba antes? Bueno, para empezar, hay que estimular la próstata en una situación erótica… a fin de cuentas, el estimular un pene flácido tampoco produce placer. También hay que tener un poco de espíritu de aventura y afrontar los tabúes de los que hablaba antes. A algunos hombres les ayuda adoptar un rol de sumiso en una sesión BDSM, aunque esto no es ni mucho menos necesario para disfrutar del placer anal. Se debe estimular la próstata poco a poco, no presionando demasiado al principio.

El placer de próstata no requiere la erección y de hecho puede suprimir la erección, por lo que esto no debe preocuparnos. Estimular el pene al mismo tiempo puede ayudarnos a sentirlo, pero también puede ser una distracción, conduciendo nuestra atención al canal del placer que hemos estado usando toda la vida en vez de hacia las nuevas sensaciones a las que nos queremos abrir.

Estimular la próstata con los dedos resulta difícil y cansado, ya que hay que introducirlos muy profundamente en el recto. Lo más cómodo es usar estimuladores concebidos para ese uso, que suelen tener una curvatura especial que rodea la próstata. Algunos incluso están diseñado para moverse en torno a ella al apretar el ano.

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Yo aconsejaría que al principio se exploren estas sensaciones en solitario, en sesiones de masturbación conscientes, deliberadas y con tiempo de sobra. Muchos hombres aseguran haber alcanzado orgasmos muy intensos y prolongados con sólo estimular la próstata. Estos orgasmos no sólo son fuertes sino que se sienten muy distintos a los orgasmos que se obtienen estimulando el pene, lo que reafirma mi creencia de que existen orgasmos distintos de clítoris y de vagina en la mujer.

Muchos hombres aseguran haber alcanzado orgasmos muy intensos y prolongados con sólo estimular la próstataLos orgasmos prostáticos a veces vienen acompañados de eyaculación, pero en otras se produce una emisión muy lenta de semen. De hecho, esto es lo que se busca en una práctica conocida como “milking” (ordeñar), que consiste en estimular la próstata durante largos periodos de tiempo sin permitir que se produzca la eyaculación.

Alcanzar el orgasmo sólo estimulando la próstata puede resultarle difícil a muchos hombres. A menudo hay que acompañar la estimulación de la próstata con la masturbación del pene, lo que de todas formas nos llevará a orgasmos más intensos de lo normal. También debo aclarar que la próstata no es lo único que proporciona placer en el sexo anal en el hombre; el ano y la raíz del pene pueden resultar zonas enormemente erógenas.

Tanto en el hombre como en la mujer, el sexo es un mundo maravilloso en el que siempre quedan cosas nuevas por explorar. Eso sí, nos hace falta un gran espíritu de aventura y estar dispuestos a enfrentarnos con barreras culturales que nos han impuesto desde niños. El premio no es sólo el placer, sino una mayor liberación mental que nos llevará a descubrir quiénes somos en realidad.