Cabe mencionar también en la vida sexual egipcia la homosexualidad. No estaba bien vista, no en sentido moral, sino porque implicaba la penetración anal, lo que conlleva un acto de dominación y sumisión.


Si hay una cultura en la que la sexualidad está presente desde el principio de su génesis esa es la cultura egipcia.

Encontramos que en una de sus cosmogonías, es decir, sus mitos del origen del mundo, se cuenta la historia del Dios del Sol del atardecer, Atum, quien tuvo que masturbarse para crear a la primera pareja de dioses, Chu y Tefnut. Según el mito, Atum dijo: ‘Yo soy quien fornicó con mi puño, yo me masturbé con mi mano’ y así, con los fluidos procedentes de la masturbación, engendró a estas dos divinidades que hicieron el amor para dar lugar a la generación de dioses conocidos que crearon, manteniendo relaciones sexuales, el mundo que los egipcios conocían.

A la hora de hablar de la vida sexual de los egipcios, es muy arriesgado generalizar sobre las prácticas sexuales de esta cultura de más de 3000 años de duración. Por suerte, tenemos testamentos escritos y visuales, como un papiro descubierto en 1824 en la ciudad de Deir-el Medina. Conocido como el Papiro Erótico de Turín, por ser esta la ciudad en la que se conserva, se observan en él doce escenas de carácter obsceno calificadas como la primera revista porno de la historia, pues son más antiguas que el Kama Sutra.

Papiro de Turín

Papiro de Turín

Por un lado, en este papiro se representa a hombres bajitos, calvos, gordos y con penes muy grandes, un ideal masculino que contrasta con la imagen que tenemos de ellos en el resto de sus representaciones. Por el contrario, a las mujeres se las representa con una belleza clásica, entre flores, animales o instrumentos musicales, pues se dice que las mujeres usaban la música para excitar a los hombres.

Es muy arriesgado generalizar sobre las prácticas sexuales de esta cultura de más de 3000 años de duraciónPor una parte, tal y como nos muestran diversos documentos, tenemos constancia de que las relaciones sexuales no tenían por qué ser realizadas después del matrimonio. Estaba bien visto que hombres y mujeres mantuvieran relaciones siempre y cuando estuvieran solteros, pero sí  se castigaba la infidelidad, sobretodo la femenina. En cuanto a la infidelidad masculina, era más común. Los hombres podían tener otra esposa e incluso un harén.

Por otra parte y al contrario que en nuestra sociedad, la prostitución estaba permitida y bien vista, llegando incluso a considerarse como algo sagrado, como ocurrió en el periodo Predinástico (periodo comprendido entre el 4500 y el 3000 a.C.). Así encontramos grabados en los que las llamadas palácidas, o sacerdotisas de origen aristocrático, realizaban ceremonias casi orgiásticas en las que también se estimulaban con objetos de formas fálicas.

Tumba de los Dos Hermanos, Saqqara

Tumba de los Dos Hermanos, Saqqara

 

La prostitución como la conocemos actualmente también se practicaba. Así encontramos las llamadas ‘casas de cerveza’, donde además de disfrutar de esta bebida, se flirteaba con naturalidad y estos locales también contaban con patios traseros y lugares escondidos donde sus clientes pudieran mantener relaciones con tranquilidad. Existían también burdeles tal y como los conocemos ahora. En ellos, las kat tahut (kat quiere decir vulva en egipcio) o prostitutas, también ejercían de bailarinas y músicas.

Por lo general estas mujeres de pechos pequeños, cintura estrecha y caderas y muslos grandes, según marcaba el ideal de la época, se pintaban los labios de rojo, se rapaban la cabeza para ponerse pelucas, pintaban sus ojos de negro y algunas se tatuaban a Bastet, el dios que simbolizaba la alegría de vivir. Como dato curioso, cabe decir, que en muchas ocasiones estos burdeles eran móviles, pues se trasladaban allá donde había obreros o el ejército. Donde había un asentamiento masculino, había negocio.

Ostracón, Museo Británico

Ostracón, Museo Británico

Los egipcios, además de descubrirnos la cerveza, también nos introdujeron en el arte de los anticonceptivosCabe mencionar también en la vida sexual egipcia la homosexualidad. No estaba bien vista, no en sentido moral, sino porque implicaba la penetración anal, lo que conlleva un acto de dominación y sumisión, suponiendo para el sumiso, considerarse inferior. Así se veía como una forma de agredir a los enemigos situándolos en una posición inferior. Encontramos en su alfabeto una palabra pronunciada como ‘jem’ , donde uno de sus símbolos jeroglíficos es un pene y que significa ‘marica’ palabra con una connotación negativa también para ellos.

Los egipcios, además de descubrirnos la cerveza, también nos introdujeron en el arte de los anticonceptivos, pues además de usar preservativos, las mujeres utilizaban una especie de diafragmas caseros. Para ello había que introducirse una especie de tampones en la vagina con una mezcla de miel, leche agria y excremento de cocodrilo. Según los Papiros de Lahun, donde se encuentra esta receta, era un potente espermicida.