Es buena y aceptable toda aquella práctica sexual y erótica que no implique hacerle daño (físico, moral, en su dignidad…) a nadie sin su consentimiento.


Según la RAE una filia es una “afición o amor a algo”, pero en el contexto general y dentro del mundo sexual lo que nos interesa especialmente de este término son las llamadas parafilias, “desviación sexual” en palabras de la RAE. Pero ¿por qué unos determinados gustos se consideran desviados en contraposición a otros? ¿por qué una filia es una filia y otras son parafilias? ¿quién lo ha decidido? ¿son iguales en todas las culturas y tiempos?

No creo que esté en disposición de contestar a todas estas preguntas, pero sí de marcar ciertas líneas de análisis y reflexión para que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones.

Las parafilias no son en absoluto las mismas en las diferentes culturas y en las diferentes épocasCreo que lo primero que hay que apuntar es que las parafilias no son en absoluto las mismas en las diferentes culturas y en las diferentes épocas. A diario asistimos a procesos de asimilación de ciertos gustos y elecciones. El caso más claro es el de la homosexualidad, que aunque aún tiene cierto castigo social, se va normalizando con el paso del tiempo y la evolución de las ideas sexuales. A pesar de todo, la homosexualidad ha sido y es castigada como parafilia en una gran cantidad de situaciones. Pero existen otros ejemplos como el sexo grupal, la utilización de juguetes o ciertas prácticas como el BDSM que van ganando en reconocimiento social.

De esta diferencia de comportamientos podemos llegar la conclusión de que no existe un código sexual verdadero y bueno, si no que es una construcción social como tantas otras, influida por los intereses y la moralidad de cada momento y lugar. Esto nos debería llevar a plantearnos ¿por qué nos parecen bien unas cosas y otras no? ¿qué ideas subyacen a nuestros juicios de la sexualidad de otros?

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Desde mi punto de vista, es buena y aceptable toda aquella práctica sexual y erótica que no implique hacerle daño (físico, moral, en su dignidad…) a nadie sin su consentimiento, y en el momento que haya consentimiento no se puede catalogar como daño, si no como juego en el que participan las personas implicadas aunque con diferentes papeles. Cuando en las prácticas entra el daño sin consentimiento no es que sea parafilia, es que atenta contra los derechos humanos, no contra el código moral sexual. Por lo tanto, deberíamos establecer un código de conducta sexual aceptable que estableciera lo que se puede hacer y lo que no si no queremos ser castigados, si no que el sexo fuera una más de las cosas que rigen los principios generales de respeto.

La sociedad ha creado un gran sistema de vigilancia y control para uno de los actos más privados que existenPero la pregunta más importante sobre este tema es: ¿por qué la gente cree tener autoridad moral sobre otros en su vida sexual? Parece que la sociedad nos ha otorgado un poder que no se da en otros términos. Todos parecen ser garantes de las normas sociales y con potestad para ser los jueces de las prácticas de otros, aun cuando éstas no son para nada de su incumbencia ni les afecta en ningún sentido. Como analista social, este hecho me hace pensar que la sociedad ha creado un gran sistema de vigilancia y control para uno de los actos más privados que existen. Así, las personas que eligen realizar prácticas sexuales fuera de las aceptadas, se ven obligadas a hacerlo en secreto y a cargar en muchos casos con sentimientos de culpabilidad. En un tema tan tabú como el sexo seguir poniéndole trabas es muy contraproducente.

Por todo lo anterior, creo que el término parafilia debería dejar de tener sentido, que no existiera nunca más ninguna práctica enfocada al placer que se considerara desviada socialmente. Que los humanos no nos centráramos más que en disfrutar de lo que podemos ofrecernos sin la necesidad de pedir perdón o permiso.