Esta Navidad no quiero algunas cosas. O más bien, no quiero SOLO algunas cosas. Quiero algunas cosas, pero sobre todo quiero compartirlas y disfrutarlas contigo.


Esta Navidad lo tengo claro, te quiero a ti.

No quiero tan sólo un antifaz. Lo que quiero regalarte es una experiencia en la que el resto de los sentidos se vean potenciados, en la que una palabra, una caricia, un olor o un sabor, sean todo para ti. Una oscuridad en la que perderte. En la que perdernos… y encontrarnos.

No quiero tan sólo una pluma. Lo que quiero es que esa pluma se transforme en tu apéndice, en parte de ti y que con ella dibujes en mi cuerpo palabras que, aunque invisibles, son muy tangibles, de las que arden por dentro, de las que arrancan placer.

No quiero tan sólo un disfraz. Lo que quiero es un juego, una historia, una aventura en la que por un momento seamos otros pero siendo nosotros, en la que rompamos conceptos, cambiemos de roles y fantaseemos con aquello que nos excita, que nos pone.

No quiero tan sólo unos dados. Lo que quiero es divertirme contigo, que hagamos el humor, que nos reten esos cubos, que disfrutemos de lo que nos tenga deparado su destino y que, cuando no podamos más, los lancemos al otro lado de la habitación y demos rienda suelta a nuestra pasión.

No quiero tan sólo pintura corporal. Lo que quiero que nos regalemos es el divertirnos como cuando éramos pequeños, sin normas, sin poses, utilizando las manos, manchando nuestras manos, impregnando nuestros cuerpos y que las sábanas sean nuestro único testigo.

No quiero tan sólo productos comestibles. Lo que quiero es desayunarte, aperitivearte, comerte, merendarte y cenarte. Convertirme en tu “MasterChef” y degustar tu cuerpo, devorarlo, ansiarlo… se me hace la boca agua sólo de pensarlo.

No quiero tan sólo un vibrador. Lo que quiero es disfrutar de él y sus sinuosos ritmos tanto sola como contigo. Que su vibración nos transporte a otros tiempos, a otros sitios, en los que sólo estemos tú y yo, sin cansancio y con mucho movimiento.

No quiero tan sólo unas pezoneras. Lo que quiero es ver tu cara cuando te sorprenda con ellas y tu ansia por tocarlas, por acariciarlas, por rodearlas con la lengua o arrancarlas de un sutil mordisquillo que me ponga a mil.

No quiero tan sólo unas esposas. Lo que quiero es que nos atemos al cabecero, que juguemos, que intercambiemos el control, que no salgamos de la cama y que nos olvidemos de la llave y de salir de este momento tan espectacular.

No quiero tan sólo un aceite. Lo que quiero es que ese aceite lubrique nuestros cuerpos, que nos transforme en dos seres suaves y escurridizos, que ayude a que descubramos nuevas formas de tocarnos, de querernos y que quitarnos las manos de encima sea un auténtico reto.

Esta Navidad lo único que quiero es hacerte una pregunta… ¿quieres ser Malicieux conmigo? ;-)