En las relaciones sexuales, nos centramos demasiado en el coito, olvidando otras fuentes de placer de igual o más importancia. ¿Por qué no darle a cada cosa el valor que merece? La clave está en la educación sexual.


Durante siglos la sexualidad ha estado ligada casi por completo a la reproducción. De ahí que en nuestros encuentros sexuales se les de tanta importancia a los genitales y se use el coito como técnica principal para la obtención de placer sexual. Así se crea una sociedad donde las personas tienen muy interiorizada una forma de entender la sexualidad desde una visión genital-reproductiva, limitando la relación sexual a la relación coital, donde no se consideran relaciones sexuales las prácticas donde no se haya producido el coito, subestimando el resto de prácticas sexuales, tales como el sexo oral, sin considerarlas prácticas completas o satisfactorias en sí mismas sino como preámbulos, y donde el  fin de la sexualidad es conseguir llegar al orgasmo a través del coito.

En las relaciones sexuales los preliminares, en la mayoría de ocasiones, se usan como vía para llegar al coito y no con el fin único de obtener placer, fin que sí debe ser el de toda relación sexual. Debemos aprender a disfrutar la relación desde que se inicia, quitando a los preliminares la exigencia de hacerlos durar un tiempo determinado para conseguir la lubricación de la mujer, ya que muchas mujeres se sienten culpables y viven con ansiedad tardar demasiado en estar listas para la penetración, y no consiguen relajarse y por tanto no disfrutan de la relación.

Educación sexual

Una influencia clara sobre nuestro disfrute sexual recae en la educación sexual recibida y nuestro aprendizaje, creándose prejuicios sobre la sexualidad, ya que  por desconocimiento, mala información, o ausencia de ésta, uno puede llegar a vivir sus encuentros sexuales con gran ansiedad y angustia, dando como resultado una gran insatisfacción y en ocasiones llegar a crear disfunciones sexuales.

Una educación centrada sólo en lo genital-reproductivo y enfocada a la prevención (así es como hemos aprendido la mayoría) limita nuestra visión de satisfacción sexual. En cambio, si nuestra educación la centramos en el placer, tendremos más posibilidades de ampliar nuestra satisfacción.

Dimensiones sexualidad

La sexualidad es una dimensión bio-psico-social, es una parte de la persona que acompaña al ser humano desde su nacimiento hasta su muerte y que se vive y manifiesta en cada momento de su vida de un modo diferente, producto de lo que hemos aprendido de nuestras relaciones con los demás.

La sexualidad lo es todo; imagen, erotismo, valores, cultura, forma de relacionarnos, de funcionar, de conocerse… es placer, y cada uno tenemos nuestra propia sexualidad. En ocasiones la vivimos de forma condicionada debido a nuestra educación, en otras así como podemos, a veces como algo necesario, muchas veces satisfactoriamente y muchas otras con frustración. ¿Nos gusta nuestra sexualidad o la vivimos con desconocimiento? Como he escrito anteriormente, todos tenemos nuestra sexualidad, aunque cada persona a lo largo de las etapas de la vida tiene su propia manera de vivirla y que no se nos olvide que siempre podemos mejorarla tomando conciencia.

Debemos entender que la reproducción es una función secundaria de la sexualidad. Las personas habitualmente vivimos nuestra sexualidad para no tener descendencia, sino para comunicarnos y obtener con ello una mutua satisfacción. Por tanto, la sexualidad es independiente de la reproducción si se utilizan los métodos anticonceptivos adecuados.

Las relaciones sexuales permiten la obtención de placer y gratificación sexual entre las personas implicadas. Esta gratificación no se debe reducir a unas zonas concretas, sino que, implican todo el cuerpo. Cada ser humano tiene derecho a vivir su sexualidad del modo que considere oportuno, siempre y cuando ello le enriquezca como persona, respete la libertad de elección sexual de los demás, sea responsable en su conducta sexual y ésta se realice en un marco de satisfacción mutua.

Orgasmos Vaginales vs Orgasmos Clitorianos

En nuestra sociedad hasta hace relativamente poco el sexo siempre ha sido visto desde el punto de vista masculino, se pensaba que como el hombre conseguía su disfrute a través de la penetración, por defecto la mujer también. Por lo tanto si el hombre conseguía su placer mediante el coito ¿por qué iba a ser diferente en la mujer?No existen orgasmos clitorianos y orgasmos vaginales. Desde el punto de vista fisiológico, todos los orgasmos son iguales

El clítoris es el órgano más erógeno de la mujer. Su función es únicamente el placer. Su estructura consiste en un gran manojo de ramificaciones  nerviosas y de tejidos erógenos, de ahí su inmensa capacidad erótica y de excitación. La vagina, en cambio, es muy pobre en terminaciones nerviosas y receptores táctiles. Para la inmensa mayoría de las mujeres la estimulación coital es una estimulación de baja intensidad, por tanto, insuficiente para alcanzar el orgasmo. Por ello, las mujeres requieren una estimulación directa del clítoris para alcanzar el clímax. Aunque son muchas las que necesitan este plus de estimulación, hay una acentuada tendencia,  tanto entre los hombres como entre las mujeres, a creer que esto es anormal.

La cópula frontal permite una cierta estimulación del clítoris, pero ya no por medio del pene, sino por fricción o el golpeteo de un pubis contra otro. Pero esto no pasa de ser una pequeña estimulación indirecta, la cual resulta insuficiente para la inmensa mayoría de mujeres para alcanzar el orgasmo. Si no hay contacto, no hay estimulación. No es raro que un hombre obtenga del coito más placer que una mujer, ya que él sí recibe durante el coito estimulación directa.

No existen orgasmos “clitorianos”, ni orgasmos “vaginales”. Desde el punto de vista fisiológico, todos los orgasmos son iguales. Simplemente hay zonas erógenas que contribuyen en mayor o menor medida a elevar la excitación sexual femenina.

Descubre tu sexualidad

Si cambiamos nuestra forma de entender la sexualidad marcando como objetivo primordial obtener placer, seremos capaces de:

  • Disfrutar de cada momento
  • Descubrir nuevas zonas erógenas aprendiendo a estimularlas
  • Desgenitalizar nuestros encuentros sexuales
  • Conocer mejor a nuestra pareja fomentando una comunicación abierta
  • Obtener placer acariciando y dejándonos acariciar
  • Desmitificar estereotipos
  • Promover una sexualidad saludable