Cuando hablamos de sexo salvaje, muchas veces nos imaginamos una relación sexual con alguien desconocido. Algo imprevisto, algo que surge en el momento. ¿Por qué no imaginarlo con nuestra pareja?


Muchas veces, cuando hablamos de sexo salvaje, nos imaginamos una relación sexual con alguien desconocido. Algo imprevisto, algo que surge en el momento, tipo “El cartero siempre llama dos veces”. Él llega con el correo, es inevitable, tiramos todo lo de la mesa al suelo (clásico barrido con el brazo del que las películas son muy aficionadas) y lo damos todo encima de la mesa de la cocina.

Pero no sólo eso es sexo salvaje… ¿Que llevas 10 años con tu pareja? ¡Puedes tenerlo! Pensad que la imaginación del ser humano no tiene límites, por lo que su deseo tampoco.

A veces, cuando pasa tanto tiempo, el sexo se vuelve para muchas parejas algo más rutinario, algo que se hace por hacer, algo que está “bien”. Pero yo me pregunto, ¿recuerdas las primeras veces? La necesidad imperiosa de estar con esa persona, las tardes de siesta que no acababan nunca, el no darte cuenta ni de que ha pasado la hora de la comida… Evidentemente el subidón de hormonas que tenemos al principio de una relación no lo vamos a seguir teniendo (¡y menos mal!), pero tenemos algo que entonces no teníamos: el conocimiento de como funciona tu cuerpo con el mío, el saber lo que te gusta, el que tú sepas lo que me gusta, lo que me pone, lo que me vuelve loca.

Si al llegar aquí piensas que no, que no conoces tan bien el cuerpo de tu pareja… No te preocupes, nunca es tarde. Aprovecha a descubrirlo, a investigarlo, vuélvete Sherlock Holmes por un día, pregúntale que le gusta, dibuja el mapa de erotismo por su cuerpo y sal de ese sota-caballo-rey que mata las relaciones. Juega, diviértete con su cuerpo, disfrútalo y deja que tu pareja disfrute a su vez el tuyo.

¿Y si metemos algo nuevo? Muchas veces vemos los juguetes eróticos como algo a lo que recurrir cuando estamos solos pero, amigxs, hay mucho mundo más allá… Si un juguete en tus manos puede llevarte al paraíso, imagina el juguete en manos de tu pareja que no sabes cuanto tiempo va a estar en determinada posición o si va a subir o bajar su intensidad con antelación. Cedamos el “poder” al otro, dejemos que nos sorprenda, juguemos los dos juntos…

Y ya no sólo juguetes como tales, ¿qué me decís de una cita a ciegas? Y con esto no me refiero a quedar con alguien que no conozcas sino, a lo mejor, a coger un antifaz o un pañuelo y jugar con él. Dejad la vista a un lado y agudizad el resto de los sentidos: el oído, el gusto y el tacto… El no saber por dónde va a venir o que te va a hacer es de lo más excitante de este mundo y, en el otro lado, tampoco está nada mal, ver como tu pareja disfruta, le sorprendes… Además, esta práctica es altamente recomendable para todos aquellos que tengáis algún complejillo, ya que no seréis vistos.

Rompe la rutina. Se acabó eso de que en casa tenemos relaciones sólo por las mañanas, o sólo los días festivos, o el tercer domingo de cada mes. No programemos las relaciones, no lo metamos como algo más que “hay que hacer”, no vale el “como es sábado hoy toca”. Deja abierta tu vida al placer, a los encuentros… Porque igual hoy te apetece muchísimo, tienes ganas y, sin embargo, el día que se supone que se puede te duele la espalda y te apetece tanto tener relaciones sexuales como hacer el pino-puente.

Luego hay otra cosa. No todo es el coito en esta vida, no todas las relaciones tienen que ser por y para ello. Vivimos en una sociedad coitocéntrica, imaginaos hasta qué punto que tú puedes tener todo tipo de relaciones sexuales que, si no ha habido coito, seguimos considerándonos “vírgenes”. Absurdo. El coito es una practica más como lo es el sexo oral, por ejemplo. ¿Por qué no sorprender a tu pareja con una relación exclusivamente de sexo oral? o ¿por qué no un día solo utilizando las manos? o ¿y si nos tiramos la tarde besándonos?

Los besos, los desterrados de las relaciones.  Los que inician todo en un principio, pero a los que luego dejamos de lado. Es increíble lo poco que se besa la gente cuando ya está en una relación más larga, los olvidamos y es una pena. Porque los besos hacen que los dos se exciten más y también hacen que veamos las cosas desde un punto de vista más positivo. ¿No te lo crees? Haz la prueba. Vuelve a dedicar un tiempo a tan solo besar a tu pareja, unos minutos para vosotros dos, mirada a mirada, beso a beso… Si no mejora el clima de vuestra relación me avisáis y “os devuelvo vuestro dinero”.

Cambia, dale chispa, dale la vuelta, sal de esas relaciones encorsetadas, bésale todos los días, sonríele, sorpréndele, disfrutad con lo que hagáis y… Sed Malicieux.