El “Slow Sex” pretende recuperar ese tiempo de intimidad que ha perdido la pareja en los últimos años a causa de las presiones laborales, sociales y las cada vez más crecientes obligaciones.


Prisas, atascos, reuniones a cualquier hora, comer fuera de casa y cualquier cosa en cualquier sitio, estar permanentemente conectados al móvil… nuestros comportamientos sociales y laborales nos conducen cada vez más hacia una vida vivida rápidamente de la que, a veces, casi ni nos damos cuenta. La escasez de tiempo nos impide muchas veces hacer cosas que nos gustan, tener un tiempo de ocio de calidad y, en los últimos años, también disfrutar del sexo dedicándole el tiempo necesario.

El llamado “Movimiento Slow”, una corriente de pensamiento independiente que apostaba por la “Slow Life”, la “Vida Lenta”, nació en los años 90. Este movimiento, que no cuenta con líderes ni directores pero sí con centenares de practicantes en todo el mundo, no pretende otra cosa que romper con la vorágine del día a día, sobre todo para quienes viven en grandes ciudades, y recuperar el ritmo más pausado de la vida de hace unos años y de la vida que se lleva, generalmente, en el campo.

Este movimiento comenzó como activismo alimentario a través de la comunidad Slow Food (que reúne a 80.000 miembros en más de 50 países) en el año 1986. El desencadenante del germen del “Movimiento Slow” fue la apertura de un restaurante de una conocida cadena de comida rápida en la emblemática Piazza di Spagna de Roma.

El “Slow Sex”, que empezó a ponerse de moda en 2013, nace como una ramificación del “Movimiento Slow” y lo que pretende es recuperar ese tiempo de intimidad que ha perdido la pareja en los últimos años a causa de las presiones laborales, sociales y las cada vez más crecientes obligaciones que acaban restando tiempo a todo lo demás.

No en vano, el Informe Durex sobre Bienestar Sexual de 2012 apuntaba que los españoles dedicamos menos tiempo a las relaciones sexuales que otros europeos, siendo la nuestra una media de 16,2 minutos por relación, mientras que un estudio de Pfizer realizado entre 1.030 españoles, afirma que si en 2010 dedicábamos dos horas al sexo a la semana, actualmente – acuciados por los problemas de la crisis y las preocupaciones – apenas llegamos a los 34 minutos.

Si hablamos de recuperar tiempo para el sexo y de disfrutarlo más durante más tiempo prácticamente todos estaremos de acuerdo en que queremos ponerlo en práctica cuanto antes pero ¿en qué consiste eso del Slow Sex? ¿Se trata de añadir preliminares a los que ya hacemos? ¿De ir muy despacio durante la relación sexual? No exactamente. De lo que se trata es de concebir la relación sexual como un todo y transformarla en una forma de conocer a tu pareja e interactuar con ella más allá de la obtención rápida de placer para los dos.

Pétalos de rosa

Lo primero que debes hacer para recuperar tiempo para el sexo es olvidarte del reloj. Déjalo fuera de la cama. El sexo no es una competición de velocidad, de modo que no vais a necesitar más medición del tiempo que la que os dicte vuestro propio deseo. ¿Ya lo habéis desterrado de vuestras sábanas? Entonces es el momento de conocer los cuatro pilares sobre los que se sustenta el Slow Sex.

1. Erotiza tu día a día: no todo el sexo tiene lugar en la cama y no me estoy refiriendo a los encuentros que podamos tener en el sofá, en el coche o en la mesa de la cocina. La relación sexual empieza mucho antes del momento de la penetración, incluso mucho antes de desnudarse.

El Slow Sex apuesta por mantener viva la chispa durante todo el día con tu pareja mediante la seducción mútua. Gestos tan sencillos como besarse apasionadamente por la mañana sin que suceda nada más, enviarse mensajes para decir las ganas que tenéis de llegar a casa para estar juntos o incluso hacer juntos tareas de la casa aprovechando para haceros arrumacos ayudan a conocer mejor los gustos de la otra persona y a elevar los niveles hormonales que intervienen en la excitación y el deseo sexual, alargando la situación.

2. Preliminares sí, gracias: nadie ha dicho que un “aquí te pillo, aquí te mato” no sea divertido. Lo es. Sin embargo, la escasez de tiempo actual ha hecho que este comportamiento sexual apresurado se haya convertido en la norma para la mayoría de las parejas. Por mucho que nos guste la rapidez, hacer siempre lo mismo cansa, en cualquier aspecto de nuestra vida.

El Slow Sex apuesta por alargar la duración media de los encuentros sexuales hasta, al menos, el doble de lo que duran ahora (en España sería pasa de los 16,2 minutos a los 32,4) y para eso, los preliminares juegan un papel fundamental. Añadir a los besos y caricias una ducha juntos, probar algún juguete erótico o darse sexo oral es una buena forma de calentar motores.

3. El kamasutra está para algo: hacer durar más la relación sexual no sólo se consigue mediante unos buenos y largos preliminares. También podemos disfrutar más y, de paso, experimentar cosas nuevas, si combinamos dos o más posturas durante el coito propiamente dicho (tanto si es con penetración como si no).

El Kamasutra está para algo. Si no os gustan las posturas circenses, no hace falta que las seleccionéis. Podéis probar las que os gusten, incluso nacidas de vuestra propia imaginación, e ir alternándolas por mero placer. Descubriréis sensaciones nuevas, cosas que os gustan o que le gustan a vuestra pareja y, de paso, disfrutaréis más. No es mal plan ¿verdad? También podéis probar a jugar con las velocidades de penetración. Acelerar y frenar os proporcionará disfrute y tiempo extra.

4. El post-polvo también cuenta: revistas, artículos, posts y opiniones de expertos se muestran siempre muy “preocupadas” por lo que pasa antes del coito pero ¿y después?

El Slow Sex lo considera también un momento importante de compenetración de la pareja, de modo que recomienda dedicarle al menos unos minutos. No se trata de mantener conversaciones de las que salgan las soluciones a los problemas del mundo, sino de compartir esos minutos de reposo tras la actividad sexual y aprovecharlos para darse cariño o, simplemente, para dormir cogidos de la mano.