El cine nos aporta numerosas muestras de la relación entre la violencia y el sexo. Se me ocurre, por ejemplo, la interesante "La naranja mecánica" de Stanley Kubrick (1971).


Muchas veces se discute si una escena de sexo está justificada o no en determinada película. Como el sexo vende, nada mejor que poner unas imágenes subiditas de tono para aumentar el interés. Pero ciertamente hay films en que el sexo está perfectamente integrado en la historia y sirve para ayudarnos a entenderla mejor, para evolucionar a los personajes, para aportar matices. Eso pasa Una historia de violencia, donde los dos (sí, sólo dos) momentos sexuales se acoplan perfectamente a la trama. Además, reconozco que uno de ellos, el segundo, forma parte de mi top 10 de escenas sexuales  favoritas del cine comercial.

Una historia de violencia“, del director David Cronenberg  (USA, 2005) y basada en la novela gráfica escrita por John Wagner e ilustrada por Vincent Locke (1997), cuenta la historia de Tom Stall (Viggo Mortensen) que tiene una vida aparentemente idílica. Vive con su preciosa mujer (Maria Bello) y su hijo en un pequeño pueblo de Indiana, donde casi nunca pasa nada. Pero un día, tras evitar un robo en su restaurante, es considerado un héroe local y atrae la atención de los medios de comunicación masivos. Entonces, recibe la visita de alguien que dice conocer su (oculto) pasado.

La vida idílica de Tom tiene un sexo juguetón, divertido. Su mujer se viste de adolescente y fingen un encuentro furtivo entre la animadora del equipo y el chico del instituto. Un juego de rol picante pero “inocente”. El pasado violento de Tom, cuando empieza a ser mostrado, cambia la relación de la pareja y, de rebote, también el sexo entre ellos. Es más fuerte, más violento, menos romántico, más impulsivo. La morbosa escena de la escalera con su mujer es, como os decía, una de mis preferidas.

A pesar de intentar huir, la violencia persigue al protagonista. Surge la reflexión: ¿podemos evitarla? ¿la repudiamos o la usamos en cierta forma? ¿qué hay de hipocresía al condenarla? Y la asociación con el sexo me parece muy acertada. Ambos, sexo y violencia, han estado unidos tradicionalmente en humanos y, también, en el mundo animal (chimpacés y orangutanes, por ejemplo, golpean y se aparean por la fuerza con las hembras).

De hecho, hay estudios científicos que delimitan estas dos pulsiones en una misma zona del cerebro. El neurólogo Clifford Saper de la Escuela de Medicina de Harvard concluyó en sus estudios que durante las primeras fases de encuentros agresivos y sexuales se activan algunas neuronas comunes.

Según Saper, “ambos comportamientos están profundamente enraizados en la arquitectura básica del cerebro” y daría una explicación biológica al nexo entre violencia y sexo. Relacionado  aunque sin llevarlo al extremo, quizás algo de esto influya en aquello que popularmente se dice de que los mejores polvos vienen tras una discusión. Por cierto, este tipo de encuentro sexual reconciliatorio tiene un término inglés para nombrarlo: “makeup sex”.

El cine nos aporta numerosas muestras de la relación entre la violencia y el sexo. Se me ocurre, por ejemplo, la interesante “La naranja mecánica” de Stanley Kubrick (1971), basada en la novela de Anthony Burgess (1962). Y hay también films que explotan este vínculo de manera radical, en una búsqueda de morbo, provocación y promoción. “Una historia de violencia” no es la que tiene ni más violencia ni más sexo, pero permite tratar el tema con mesura, reflexión y sin escándalos.