Secretary muestra el BDSM, tan de moda actualmente, como una opción sexual perfectamente válida y escogida libremente. Lo enseña de forma directa y clara, con dos personajes adultos que se complementan.


Lo cantaba Freddy Mercury en su Crazy little thing called love y es que el amor es eso: una pequeña y loca cosa. Algo así podemos pensar al ver la película Secretary (2002, Estados Unidos), un film que con el trasfondo del BDSM (bondage, dominación, sumisión, masoquismo), no es otra cosa que un romance entre dos personas, que hay quien catalogaría de raros, que se encuentran y se entienden.

Lee Holloway (interpretada por Maggie Gyllenhaal) tiene el peor de los currículum cuando decide solicitar un empleo de secretaria en el bufete de abogados de E. Edward Grey (James Spader). (Sí, casualmente en este film sobre BDSM él también se apellida Grey). Lee, que acaba de salir de una institución psiquiátrica y tiene un hábito secreto, finalmente consigue el trabajo. Al principio realiza tareas habituales de su puesto: mecanografiar cartas, archivar documentos y hacer el café; pero Lee y el Sr. Grey acaban teniendo una relación mucho más estrecha e íntima.

Lee y el Sr. Grey acaban teniendo una relación mucho más estrecha e íntimaEsa relación estrecha e íntima que nos avanza la sinopsis se basa en la dominación/sumisión. Secretary muestra el BDSM, tan de moda actualmente, como una opción sexual perfectamente válida y escogida libremente. Lo enseña de forma directa y clara,  con dos personajes adultos que se complementan. Es casi inevitable comparar esta visión con el último fenómeno literario y cinematográfico sobre el tema. En este film las escenas son más reales y la relación se muestra de manera más sana porque podemos comprender que Lee se excita realmente y que es ella la que busca la sumisión.

Esa excitación se ve perfectamente reflejada en la escena de spanking, en la que Grey la castiga con azotes por un error en su trabajo. Una escena que consigue resultar erótica, donde el detalle final del movimiento de un dedo que toca sutilmente otro nos dice mucho de lo que han sentido ella y él.

Eso sí, si algo critico en ésta y en todas las historias en que así sea, es que a Lee nos la presentan con un trastorno mental y a su compañero como algo “rarito”. Ello nos hace, consciente o inconscientemente, asociar las minorías sexuales con algún tipo de patología mental o de trauma. Puede haber patologías, claro, como en cualquier persona. Pero no estereotipemos: los practicantes de BDSM o de cualquier tipo de fetichismo, no tienen por qué padecer ningún tipo de trastorno y encontrar la estabilidad en determinadas prácticas. Como me dijo una Ama en cierta ocasión: “yo no odio a los hombres”.

Si algo critico en ésta y en todas las historias en que así sea, es que a Lee nos la presentan con un trastorno mentalOtras escenas dignas de mención, ya fuera de la dominación/sumisión, pero dentro de la sexualidad, son las dos en que ella se masturba, especialmente la del baño. Lo reconozco, me gusta esa escena, mucho. Por un simple motivo: porque muestra sin tapujos que las mujeres nos masturbamos, que fantaseamos, que nos excitamos y, en definitiva, que tenemos sexualidad. Por si alguien aún lo dudaba.

Hay una escena en Secretary en la que ella permanece sentada inmóvil durante varios días porque él se lo ha ordenado. Sus familiares y amigos no la entienden y le preguntan, ¿por qué haces esto? Responde un demoledor “porque quiero”. Loco y extraño pero maravilloso es el amor y la sexualidad.