La ilusión en el proyecto, el trabajo duro, las horas invertidas, los ojos cansados… Todo mereció finalmente la pena cuando, en diciembre, #PrimeraVezBook se convirtió en una realidad.


¿Si tuvieras una forma de acercarte a un sueño, te lanzarías?

En eso estaba pensando, en uno de los sueños que más presente he tenido a lo largo de mi vida, como era escribir un libro, cuando la idea de #PrimeraVezBook de pronto no parecía tan descabellada.

El planteamiento era sencillo, una vez decidido que el tema del libro serían primeras veces en el sexo, algo que cualquier blogger que hable de sexo ha tenido en mayor o menor medida –así como prácticamente el común de los mortales-, solo tenía que buscar colaboradores que quisieran contar una de sus primeras veces y que se comprometieran a hacerlo en un plazo de tiempo determinado. ¿Fácil, verdad? Pues no lo resultó tanto…

Envié decenas de mails hablando de mi idea, de que sería un proyecto colaborativo, que se distribuiría gratuitamente, que se promocionaría a quien colaborara… Está mal que lo diga yo, pero el mail resultaba convincente, y si bien hubo un grupo de gente genial –gracias, en serio- que se sumó sin siquiera pensárselo dos veces, también me estrellé en muchas ocasiones. Se ve que un proyecto no remunerado, por más ilusión que tuviera en él, no era reclamo suficiente para alguna gente. Entendible, claro que sí, pero cuando uno de esos mails aparecía en mi bandeja de entrada me desanimaba y empezaba a pensar que tendría que abandonar la idea por falta de colaboradores.

¿Y si la portada va ilustrada? Anda, ¿y si también los capítulos van ilustrados? Claro que sí, Gwen, complícate un poco más la vida ya que estás.

Y tanto que me la compliqué. Si encontrar bloggers a quien les interesara el proyecto estaba costándome, ahora se me había metido entre ceja y ceja que tenía que buscar ilustradores para que, con su aportación, dejaran el libro lo más bonito posible. No quería una de esas portadas que parecen hechas en Paint diez minutos antes de entregar el trabajo, quería que llamara la atención, que al igual que las letras, las ilustraciones fueran un valor añadido a la obra final. Quería la perfección, o al menos toda la que pudiera lograr contando con la buena fe de mis compañeros de proyecto.

portada texto

No puedo negar que hubo problemas, muchos, que me quebraron la cabeza y me hicieron desesperar. Historias que no llegaban nunca, ilustradores declinando mi oferta de colaborar, otros que tras confirmar dejaron de contestarme a los mails, un programa informático que apenas sabía abrir y del que en breve tendría que sacar todo el partido posible, cientos de tutoriales por leer –benditos blogs-, dudas sobre cómo promocionar el libro, cómo prepararlo para descarga directa, el tiempo que se echaba encima y no lograba ver un final, no digamos ya el final que había imaginado…

Desconozco el tiempo medio que lleva una edición en el mundo profesional, desde que se contacta con el escritor o escritores y se le da forma hasta que por fin el libro puede ver la luz, y aunque me consta que el trabajo es arduo y que dependiendo de la idea base puede llevar incluso años, también estamos hablando de que esa gente es profesional y sabe lo que hace. ¿Qué sabía yo de editar libros, de corregir textos, de gestionar proyectos colaborativos, de reunir a un grupo de desconocidos para un fin común…? Lo mismo que sé a estas alturas de metafísica, me suena pero ‘puuf, busca en Google’. Bueno, quizá haya exagerado, alguna mínima noción tenía, pero parecía todo tan confuso, tan complicado, tan titánico… Y es que fueron seis largos meses de trabajo para lograr que #PrimeraVezBook estuviera listo para ti dentro de la fecha prevista.

Todas las historias habían llegado al empezar noviembre, y desde hacía un mes estaba a tiempo completo buscando ilustradores hasta debajo de las piedras. Iba a dedicar noviembre únicamente a la edición del libro, así que necesitaba que todo estuviera hilado para poder centrarme y conseguir publicarlo en diciembre. ¿Sencillo? No tanto.

Tenía diez capítulos, una portada, una contraportada, y apenas un par de ilustradores dispuestos, de los cuales solo uno de ellos tenía realmente disponibilidad, y si no llega a ser por él (gracias @SrCalvito) ya me veía dibujando monigotes con rotuladores de colores para la portada –y ya te informo que dibujar no es lo mío-. Alguien más habría que quisiera participar con una ilustración, y a la desesperada, repasando cada contacto en el móvil, en Facebook y en la memoria, aparecieron los salvadores de mi TOC perfeccionista.

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¿Cómo era posible que, estando tan cerca de lograr esa pequeña gran hazaña, lo viera todo tan negro?

Ofertas de ayuda por parte de los colaboradores no faltaban, pero cuando no sabes de qué manera pueden ayudarte, ni toda la ayuda del mundo te facilita el trabajo. Sólo quería que las piezas encajaran, que todo el tiempo y trabajo invertido luciera como merecía, y que gustara al público. Mierda, ¿y si después de todo no le gusta a nadie, y si sólo lográbamos descargas propias y de amigos claramente coaccionados o comprados a base de cañas? ¿Y si la gente detestaba el libro, las historias, las ilustraciones, el formato, la fuente, la maquetación, la edición, la corrección, y hasta los espacios? ¿y si lo odiaban?

La ilusión en el proyecto, el trabajo duro, las horas invertidas, los ojos cansados, los mails eternos, las contracturas de tanto ordenador, las conversaciones a cualquier hora, las risas, las preocupaciones… Todo mereció finalmente la pena cuando, el 23 de diciembre de 2015 #PrimeraVezBook se convirtió en una realidad.

Y aquí estamos, habiendo llegado a las 2.500 descargas en menos de 15 días, con el cielo como límite, disfrutando de todo lo que está gustando el libro, de las nuevas amistades que su creación ha propiciado, de los mails, comentarios, tuits y mensajes de quien lo ha leído y gozado hasta el último punto, de la gente que se hace eco del libro y lo comparte, de los proyectos que nacerán a partir de esta idea… Una idea que seis meses antes de publicarse era tan descabellada que lo más razonable era llevarla a cabo.

Si hay algo mejor que tener un proyecto que te ilusiona es que haya quien disfrute con él. No tengo palabras para agradecer lo suficiente la buena acogida que ha tenido y a todos aquellos que han ayudado en ello –gracias Maliceux Mag-. Mi consejo es que si tienes un sueño, por loco o complicado que sea, luches por él con todas tus fuerzas. Puede que no lo logres, que si lo intentas nunca fracasarás.

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