Yo lo tengo claro: los momentos que recuerdo más felices y también aquellos especialmente duros (que de vez en cuando no está mal recordar) han sido siempre en compañía de un amigo.


Me piden que os cuente algo en relación al Día Internacional de la Amistad, mi respuesta es un automático “SÍ” en mayúsculas y acto seguido me quedo un rato en “estado de interrogación” mirando a un punto fijo.

Amistad… ¿Qué puedo deciros de la amistad? ¿Qué puedo contaros que no sepáis? ¿Cómo puedo escribir sobre ella sin quedarme corta? Asumo que escriba lo que escriba me quedaré corta. Es como hablar del amor, aunque ¿acaso la amistad no es amor? El amor, ya sea entendido desde un sentido más relativo al cariño o desde algo más relacionado con lo que mueve nuestra voluntad es, como ya lleva el verbo “mover” implícito, nuestro motor. Un colega de profesión me decía que “no hay nada más poderoso que la voluntad de un ser humano” y creo que no podría tener más razón. La voluntad como fuerza, como motor que nos mueve hacia algo y el amor (en todas sus acepciones) como la gasolina que alimenta ese motor.

Después de este párrafo “muy catequesis” (como diría una amiga), al menos ya sé por dónde empezar a hablaros de amistad: hablándoos de amor. Y de confianza, incondicionalidad, familia, empatía, sinceridad, aceptación, altruismo, compromiso, fidelidad… algunas de las palabras que, al preguntaros, me decís que os inspira la amistad.

Como para todo en esta vida, cada cual tiene una visión diferente, pero también hay aspectos que se repiten. Creo que estaréis de acuerdo conmigo en que la amistad tal y como se conoce en la sociedad tiene mil formas distintas, pasando por el colega del que siempre nos acordamos para salir de fiesta hasta esa persona sin la que nos cuesta imaginar  nuestra vida.

Uno mismo va viendo como su concepción de la amistad varía con el tiempo y cómo lo que exige a una amistad tampoco es lo mismoPorque la amistad, como todo lo que caracteriza al ser humano, es algo que se va transformando en los diferentes estadios de la vida y varía en función de nuestras necesidades, nuestra edad y, todo sea dicho, los especímenes con los que nos crucemos. Al preguntar acerca de “qué es la amistad” lo primero que me llama la atención es cómo la calificación varía según la edad. Así por ejemplo, para mi madre la palabra que mejor define la amistad es “compromiso” y  para M., de nueve añitos, “alguien que comparta las cosas y para jugar”.

Coincidiréis conmigo cuando os digo que uno mismo va viendo como su concepción de la amistad varía con el tiempo y cómo lo que exige a una amistad tampoco es lo mismo. Dentro de estas variaciones es donde vamos haciendo nuestros diferentes “saquitos” de amistad: los de siempre, los de la cervecita, los que llaman cuando su vida es un drama, los compañeros de curro o de clase, los “del barrio”, esa con la que “ya no es lo mismo”, el que “desde que sale con fulanito no se le ve el pelo”, “la que era la novia de Juanito y ahora es más amiga mía que él” (este caso nos jode especialmente), etc.

Me costó creer aquello que me decían cuando era pequeña de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Supongo que esto es algo que uno comprende a partir de un determinado momento en la vida, cuando no le queda otra que aprender a distinguir entre amistades que están “según cuando” y amistades que están para todo. Y cuando digo para todo, me refiero a muchas de las palabras que me habéis dicho para caracterizar a la amistad: incondicionalidad, aceptación, altruismo…

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Hay muchos tipos de amistad, pero solo una que lleva implícitos todos esos tipos, que abarca mil funciones; y es esa amistad que representa uno de los dedos de la mano que decíamos antes.

Pienso (y creo que ya os he dicho alguna vez) que somos un poquito de todas las personas con las que nos cruzamos y nos dejan huella, pero este tipo de amistad, la que de verdad creo que hace justicia a la palabra, no nos deja una huella, sino que va de nuestra mano toda la vida. Y con “toda la vida” no me refiero a que tenga que ser una persona que obligatoriamente conozcamos desde que tenemos uso de razón, porque creo que no soy la única que se lleva grandes amigos (con todas las letras) de la universidad o del instituto. Ni tampoco quiero decir que la relación haya sido durante toda su andadura de la misma intensidad.

Ejemplo melancólico:

Este amigo o amiga es aquel que te ayuda a redirigir las miras cuando por cualquier razón pierdes el norteCreo que todos, me aventuro aquí a decir ‘todas’ (porque suele darse más en las chicas), hemos tenido esa relación prácticamente de pareja con esa mejor amiga del alma en la adolescencia. Que levante la mano la que no haya puesto al final de su nick de Messenger unas siglas encriptadas que sólo tú y esa amiga/s conocéis del tipo “SJPLQP <3 <3 <3” (Siempre Juntas Pase Lo Que Pase y tres corazones, porque joder, cuánto os quiero). Esa amiga o amigas muchas veces siguen con nosotras con el paso del tiempo, pero la relación ha sufrido algunos cambios. Entre otras cosas ¿Quién sigue usando Messenger?

Dejando a un lado la broma melancólica, creo que estaréis de acuerdo en que hay amigos que nos acompañan durante mucho tiempo aunque nuestra amistad vaya transformándose.

Este amigo o amiga es aquel que te ayuda a redirigir las miras cuando por cualquier razón pierdes el norte. El que te da el “cosqui” y el punto realista cuando te encierras en tu dramón, o el que te incita a tirarte a la piscina de vez en cuando.

Es aquel que puede coincidir o no en tu manera de hacer las cosas y que será claro a la hora de decírtelo, pero aceptará que es tu forma de hacerlas.

Le reconocerás porque es el típico o la típica que te ha dicho 30 veces que tienes otra vez la piedra delante de tus narices, pero cuando decidas que quieres volver a zampártela como un campeón transformará los “te lo dije” en un hombro para llorar o en la mano que rellena tu vaso esa noche que te dice “hoy salimos y a tomar por culo todo”.

Seguramente sea ese o esa con quien has discutido más de una vez. Porque los amigos no son esos que “nunca te fallan”, que oye, como frase para taza de Mr. Wonderful está muy bien, pero el que tenga un amigo con poderes sobrehumanos que me diga por favor dónde se buscan.

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Fallar, equivocarse, meter la pata, “cagarla”, simple y llanamente. Aquí cagarla, la cagamos todos (como buenos humanos, digo yo). Todos cambiamos algún día esa salida por estar con nuestro churri porque el empalague nos consume la existencia, todos decimos alguna vez aquello que “no está muy fino” y al otro se le cambia la cara, todos podemos equivocarnos al tomar determinadas decisiones que afecten o sienten mal a nuestro amigo del alma. Un amigo no es esa persona que no nos da problemas, es más bien ese con el que has podido discutir 20 veces pero ninguna ha sido suficiente como para cortar vuestra amistad.

Cuando termina una relación de pareja nos sentimos tan vacíos, porque no sólo nos falla el amor romántico, nos falla el amor en generalEs aquel o aquella que de vez en cuando adopta el rol de madre y no puede evitar soltarte el sermón por lo que toque (aunque pases olímpicamente), pero que tampoco te dejará solo. Siempre se ha dicho que los amigos son la familia que se escoge. Ese amigo o amiga a veces te recordará a tu madre, a tu hermano y si le hacen pupa, sacarás las garras como si de un hijo se tratase. Le verás la cara en aquellos eventos o situaciones que trae la vida en los que no quisieras estar y seguramente no hayas tenido que pedirle que vaya, lo mismo llega hasta antes que tú.

Es esa persona que alguna vez te ha sorprendido al conocerte mejor que tú mismo, que te recuerda como se mueven las alas si te las cortan y tienen que crecerte de nuevo. Te llevará una temporadita con las suyas si hace falta para que te acuerdes de cómo se usan.

También es aquel con el que das un paso no mayor, sino distinto, y decidís compartir un proyecto de vida y acabar siendo una familia los dos. Gala decía que el amor es una amistad con momentos eróticos y, aunque me parece una definición algo rudimentaria de pareja, creo que es así para empezar. En mi opinión, por eso cuando termina una relación de pareja nos sentimos tan vacíos, porque no sólo nos falla el amor romántico, nos falla el amor en general, el compartir, la confianza, la incondicionalidad, el compañero vital con quien compartirlo todo.

Yo lo tengo claro: los momentos que recuerdo más felices y también aquellos especialmente duros (que de vez en cuando no está mal recordar) han sido siempre en compañía de un amigo.

La mejor terapia del mundo y esa que todos nos podemos permitir: un amigo y ese café o esa cervecita para salvar el mundo.

A mis amigos, por hacer de mi vida en las buenas y en las malas una experiencia maravillosa. Casi tanto como vosotros.