Nunca una relación debe disminuir tu felicidad, es imposible que una relación sea positiva cuando te obliga a renunciar a los elementos de tu personalidad de los que te sientes orgullosa.


En el pasado pensaba que existían personas débiles, con cierta dependencia, que necesitaban estar atadas a otras personas para sentirse seguras, pero con el tiempo y la experiencia, he aprendido que, más que personas, existen épocas en la vida de casi todo el mundo en los que ese sentimiento nos domina.

Siempre me he considerado una persona fuerte, decidida, con las ideas claras y segura de mí misma, pero me he dado cuenta de que hay personas que han conseguido desequilibrar en parte este pilar en el que me apoyaba. He tenido que enfrentarme a situaciones, en las que no he gestionado mis sentimientos y acciones tal y como pensaba.

Un día echas la vista atrás y te preguntas dónde está esa persona a la que tanto admirabas al otro lado del espejoDesde pequeña, mis padres me han enseñado que las relaciones de pareja debían estar basadas en el respeto mutuo y sobre todo en una espiral positiva de felicidad y crecimiento personal de las partes implicadas. En relaciones anteriores, cuando alguno de estos dos supuestos no se cumplía, me daba cuenta de una manera clara de que estaba ante una relación que no valía la pena mantener. Estar soltera no es algo que evitar a toda costa, si no algo a lo que renunciar siempre y cuando merezca la pena hacerlo.

Con todos estos principios y todas estas experiencias comencé la relación más importante de mi vida. Como por arte de magia, alguien inundó mi mundo y lo puso patas arriba. Al principio, me parecía una aventura maravillosa. El hecho de que alguien consiguiera descolocarme de tal manera me atraía, estaba cansada de gente plana que no conseguía mover ni un poquito mis ideas, y pasé mucho tiempo enganchada a esta sensación.

Después, poco a poco, tanto desbarajuste empieza a incomodarte, y lo que en un principio era repensar tus ideas por argumentos lógicos se va convirtiendo en controlar quien eres para no tener problemas. Por supuesto, todo esto no pasa de un día para otro, es una acumulación de pequeñas cosas diarias, de cambios que te parece que merecen la pena por todo lo demás. Y así, un día echas la vista atrás y te preguntas dónde está esa persona a la que tanto admirabas al otro lado del espejo.

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Tras muchas lágrimas y mucho preguntarme a mí misma, descubrí una parte de mí que ni imaginaba: me había convertido en adicta al drama. Los momentos de mayor intensidad acabaron siendo aquellos en los que la discusión era más dura e hiriente, el tiempo que pasaba entre bronca y bronca sabía a poco, porque no alcanzaba una intensidad positiva comparable a la tensión de los momentos malos.

Contando ahora, y visto desde fuera, la solución parece obvia, pero me costó varios meses y unas cuantas recaídas darme cuenta de lo que debía hacer. Siempre que analizaba la situación lo hacía desde un punto de vista equivocado, mi premisa era que aquello tenía que funcionar y que algo estaba haciendo mal para no lograrlo. Todos tenemos la esperanza de que encontraremos la manera para que esa persona que tanto te atrae te acabe haciendo feliz, pero esto no es siempre cierto.

Me he engañado en mil ocasiones, sobre sus intenciones, sus motivos y los míos, sobre las razones que me hacía no terminar con una situación que me estaba quitando la capacidad de reír y valorarme; y un día de repente todas las piezas del puzle encajan sin posibilidad de organizarlas de otra manera.

Cualquiera que sea el camino que elija de ahora en adelante debe llevarme a los sitios a los que yo elija llegarNo es sano mantenerse en un lugar en el que sabes que tu salud general (física, psicológica y emocional) disminuye, hay que alejarse del foco tóxico si quieres sanar. De hecho, en los intervalos de tiempo en los que estuve alejada de todo esto notaba como mis momentos positivos aumentaban de manera exponencial. Tenía toda la lógica del mundo, y tenía todos los datos delante de mis narices, aun así me ha costado 3 intentos darme cuenta.

Nunca una relación debe disminuir tu felicidad, es imposible que una relación sea positiva cuando te obliga a renunciar a los elementos de tu personalidad de los que te sientes orgullosa y nadie merece tener que ser otra persona para conseguir calma. A veces, la meta vale menos que cómo se llega a ella. Intentar conseguir algo caminando por el lado contrario es por definición imposible.

Por todo lo anterior he hecho un pacto conmigo misma, no volver a perderme nunca más. Cualquiera que sea el camino que elija de ahora en adelante debe llevarme a los sitios a los que yo elija llegar. Porque solo las personas que merecen la pena te empujan hacia delante, si te bloquean el paso o te hacen desviarte por supuestos atajos olvidas lo más importante: que tú elegiste por donde caminar, y que puedes elegir con quien.