Pasan los años y no dejamos de soñar. A veces parece que vas perdiendo las fuerzas, pero es entonces cuando de pronto despiertas y descubres que sigues teniendo la capacidad de soñar, de crear mundos ilusorios, de vivir exactamente lo que te gustaría vivir.


Con el paso del tiempo nos olvidamos de lo mucho que nos gusta hacerlo. Se nos olvida porque la mitad de las veces ni siquiera recordamos nuestros sueños.   Y sin embargo, son muchos los que dicen que primero hay que soñar para alcanzar la felicidad anhelada. ¿Y si empezamos por soñar despiertos? ¿Y si al soñar  fuéramos marcando las pautas de la obra maestra de nuestra propia vida?

Si tuviéramos la oportunidad de elegir nuestras vidas y caminos, ¿qué tipo de persona elegiríamos  para nosotros mismos? ¿Coincide la persona que somos con la que realmente soñaríamos con ser? Olvidémonos por un instante de la superficialidad material, sintamos únicamente aquello que no podemos obtener económicamente;  aquello con lo que realmente nos quedamos al morir. Que no será una casa ni tampoco joyas, ni siquiera una mesa o sus sillas, sino el amor,  la amistad, el afecto recibido,  el cariño expresado,  las sonrisas conseguidas y  esas miradas que guardan  los secretos de lo más íntimo y profundo del alma.

Démonos el lujo de permitirnos reflexionar sobre  qué sentimos  y seamos conscientes de que los límites de ese sentimiento tan sólo vienen dados por nosotros mismos. ¿Por qué no probamos a sentir la miel que va quedando en nuestros labios  cuando despertamos de ese sueño tan perfecto que el subconsciente ha preparado para nosotros? ¿Por qué no aprendemos a disfrutar soñando con la creación de la persona que verdaderamente queremos llegar a ser?

Si tenemos la capacidad infinita de no poner límites a nuestros sueños, ¿por qué no nos atrevemos a soñar que ya somos seres maravillosos dignos de querer y valorar? ¿Por qué es más fácil soñar con que nos quieran y no con querernos a nosotros mismos? ¿Por qué siempre terminamos dejando esta parte, probablemente la más importante, para cuando tengamos más tiempo, mejor cuerpo, mejor trabajo o una pareja? ¿Por qué siempre es más fácil esperar que nos quieran que quererse uno mismo?“¿Por qué es más fácil soñar con que nos quieran y no con querernos a nosotros mismos?”.

Nos hemos acostumbrado tanto a que desde pequeños nos pregunten qué queremos tener que nos hemos olvidado de pensar quiénes queremos ser.  Sentimos la incapacidad de ser algo más por no tener una u otra cosa, pero ¿qué pasa si el hecho de ser algo más no es consecuencia de tener algo sino su causa? ¿No tiene más sentido que consigamos tener aquello que anhelamos cuando consigamos ser eso que aspiramos? Por ejemplo, ¿cómo podré conseguir a la pareja de mis sueños si no soy yo precisamente una de esas personas con la que la gente soñaría compartir su vida?

El único sueño que deberíamos empezar a perseguir es el sueño de ser nosotros mismos en paz con nuestro corazón, con lo vivido y lo alcanzado. Y sin rendirnos, aceptar que tenemos la posibilidad y el maravilloso poder de crecer y mejorar cada día hasta convertirnos en la persona que incluso uno mismo querría para sí.

Soñando - Malicieux Mag

Esto no quiere decir que no vaya a haber más tormentas en los veranos que nos queden por vivir, sino que lo importante es cómo reaccionemos ante ellas. El crecimiento y la madurez de una persona residen en su capacidad de reaccionar ante una situación ¿Cuántas veces echamos la vista atrás y nos avergonzamos de ciertos aspectos del pasado? Y sin embargo, ¿qué pasaría si en lugar de eso viéramos en él parte de la riqueza y plenitud de nuestra vida?

Nuestro pasado sólo existe dentro de nosotros y en la forma en que elijamos verlo mentalmente.  Porque lo que estamos viviendo ahora no es el pasado ni el futuro sino este mismo instante en el que tenemos la oportunidad de colocar los cimientos de nuestro mañana.“El crecimiento y la madurez de una persona residen en su capacidad de reaccionar ante una situación”.

Como animales indefensos todos sollozamos bajo la lluvia a veces, sintiendo el viento desgarrarnos el alma. El universo se resquebraja y tu corazón con él, como si en lo más profundo de la vida eterna sólo fueran uno: corazón y mundo. Pero, ¿qué pasaría si desde hoy decidiéramos reaccionar de manera diferente a como acostumbramos y en lugar de quejarnos y fijarnos en lo que no tenemos aprovechamos esta oportunidad para valorar lo que sí tenemos?

¿Qué pasaría si eligiera concentrarme en la bondad, la humildad, la paz y el amor que hay en mi interior en lugar de en la tristeza, la rabia, el dolor o el odio? Tenemos el poder de elegir dar la vuelta a nuestra mente y empezar a entender e interpretar las cosas de otro modo. Tan sólo atrevámonos.

El corazón nos humaniza porque amar nos hace libres, nos invita a soñar, a sentir que estamos vivos, que arde fuego en nuestras venas. Es como si todo pudiera ser logrado. Atrevámonos entonces y amemos el mundo en el que vivimos, tanto el externo como el interno. Lo que le aportamos y lo que él nos aporta, las cosas bellas y las experiencias que nos han hecho crecer. Amemos lo que somos en el mundo para que así el mundo pueda amarnos a nosotros también, porque al final del día,  al final de ese instante que es tu vida en el universo todo empieza y todo acaba en ti.

¿Qué sería de alguien en un mundo que odia y detesta y del que nada sabe valorar? El mundo es tan grande o tan pequeño como tú lo quieras ver.  Ama tu mundo, porque tú creas tu mundo y él te crea a ti.