Las mujeres, tienen una larga trayectoria de mundos discretos y poder latente, que se ha ejercido sutilmente sin que resultara sobresaliente, pero empoderando cada vez más a los oprimidos.


Durante miles de años, las mujeres que han poblado este plantea, bajo distintas culturas, han sufrido una posición inferior a la de los hombres por el simple hecho de haber nacido bajo el  sexo femenino. Existen numerosos artículos en los que se explican las razones y legitimidades del patriarcado, pero no tantos que nos muestren cómo las mujeres hemos intentado dar esquinazo a esta rígida ley.

Por mucho que les pese a algunos, las mujeres no somos seres inferiores, y nuestras capacidades mentales no son menos que la de nuestros compañeros varones, por lo que es lógico pensar que ante una situación de tan injusta sumisión hayamos buscado maneras de combatirlas.

El feminismo y la subversión, han sido más o menos evidentes a lo largo de la historia, con períodos de más actividad y conquista que otros, pero siempre presente de alguna manera. Pero lo que realmente me interesa son esas estrategias a la sombra que las mujeres han sabido utilizar para deshacerse de las cadenas patriarcales.

Quizá por la socialización y educación recibida, el mal llamado ‘sexo débil’, ha sido siempre el protagonista en los espacios doméstico y privado, controlando lo que debía destaparse a la luz pública o lo que, por tradición o interés, debía permanecer oculto bajo las faldas. Así, las mujeres, tienen una larga trayectoria de mundos discretos y poder latente, que se ha ejercido sutilmente sin que resultara sobresaliente, pero empoderando cada vez más a los oprimidos.

Es cierto que los hombres han sido los encargados durante siglos de llevar el dinero y los recursos al hogar y sus familias, pero en la mayoría de los casos eran las mujeres las que lo administraban y repartían a su disposición. El poder femenino ha estado siempre en la sombra, ya que en el momento que saliera a la luz corría el peligro de ser aplastado, pero ha constituido una fuerza más importante de la que nos imaginamos.

Nos hemos visto obligadas a tirar de perspicacia, y aprovechar situaciones de desventaja en nuestro beneficio, la necesidad agudiza el ingenio. Incluso algunas han sabido utilizar el hecho de que las convirtieran en un objeto sexual como un factor positivo, manejando los hilos, aprovechando la debilidad de los hombres en estas situaciones.

Con esto no quiero decir que las mujeres no nos encontremos en una posición injusta, ni que se deba dejar de luchar de una manera evidente y rotunda por la igualdad de sexos; pero es gratificante comprobar cómo hemos sabido buscarle las aristas a una situación tan indigna como el poderoso sistema patriarcal, para vencerle en su propio terreno, sin que muchos fueran ni si quiera conscientes.

Sigamos poniendo sobre la mesa las injusticias y abusos de poder, gritando por nuestros derechos y libertades y que nunca más tengamos que ser las más astutas para acercarnos a la igualdad.