Veo mucho odio en mis palabras, lo sé, y no es lo que pretendía cuando empecé a escribir esto, no del todo al menos. Estoy un poco resentida, y habrá quien piense que es porque no follo, con eso de que no tengo pareja… Pero nada más lejos de la verdad.


En matemáticas un número impar es aquel entero que no puede dividirse exactamente por dos. En la vida, el número impar eres tú –y yo–. Ese número que siendo tan completo que no precisa de un aditivo para estarlo aun así cree que le falta algo. Bien porque realmente lo sienta así, o porque la sociedad con su ‘cada cual con su pareja’ se lo haya hecho creer.

Hace unas semanas se celebró San Valentín, la fiesta de las parejas por antonomasia. Lo que para muchos pares representa un recordatorio de que deben amarse –como si con hacerlo un día al año fuera suficiente–, para los impares –solteros y solteras como tú y como yo– se transforma en una fiesta que pone en evidencia su individualidad. ‘Oh, no tienes pareja, pero mira cómo se llena el mundo de corazones. Tú tendrás que conformarte con tu dedo corazón…’.

¿Y qué hay de malo en ello? En conformarme con mi dedo corazón quiero decir. ¿Quién me va a demostrar más amor y cariño que yo misma, quién va a hacerlo aunque la propaganda anual no se lo recuerde, quien no va a juzgarme si termino devorando un menú para dos…?

Los menús para compartir y los 2×1 no sólo nos atacan en San Valentín, sino que nos acosan todo el añoClaro, menús para dos, para compartir con quien más quieres, para una noche romántica, ¡para su puta madre oye! Y es que los menús para compartir y los 2×1 no sólo nos atacan en San Valentín, sino que nos acosan todo el año, haciéndonos recordar que no tenemos quien se coma las patatas que nos sobren. ¿A dónde van todas esas patatas que quedan en los platos? A la mierda, como a veces nuestra autoestima cuando nos apetece compartir algo y no hay con quién. Porque que seamos solteros no quiere decir que no queramos compartir, sino que no hemos encontrado la persona ideal para ello o que estamos hasta las narices de que nos roben las patatas antes de acabar con ellas y preferimos darnos un atracón aunque nos salgan por las orejas.

¿Tiene algo de sentido lo que digo? Puede que no, que esté divagando y tú estés buscando el número del frenopático más cercano para que vengan a buscarme pero, ¿y si tengo razón? ¿Y si hay un complot generalizado para que tengamos la necesidad no sólo biológica, sino psicológica de unirnos a alguien medianamente afín sólo por encajar y disfrutar de una vez del dichoso menú para dos? ¿Tan rico está, acaso no pueden ponerte la mitad del mismo, guardarte en un tupper lo que no te comas, dejarte reventar con el maldito menú entero…?

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Cena para dos, escapada para dos, aventura para dos, hotel para dos, mierda para dos… ¿No te has dado cuenta de que muchas veces sale más económico un plan en pareja que uno individual? ¡Coño, que son dos, que dividan gastos! Busca alojarte en un hotel en una habitación individual… No hablo de hotelazo en plena Gran Vía madrileña, simplemente de un hostal de calidad aceptable en Palencia, si te das cuenta pagarás por una simple cama de 90 –siendo generosos– poco menos que por una habitación doble, pero no pidas una doble para uso individual, porque es probable que acabes gastando más que si invitas a dormir a cualquiera que encuentres por la calle en esa habitación que el hotel se empeña en que compartas.

Me toca la fibra esa necesidad que parecen imponernos por compartir todo, como si el no compartir una noche al año de amor romántico nos hiciera menosVeo mucho odio en mis palabras, lo sé, y no es lo que pretendía cuando empecé a escribir esto, no del todo al menos. Estoy un poco resentida, y habrá quien piense que es porque no follo, con eso de que no tengo pareja… Pero nada más lejos de la verdad, que no comparta mis patatas no significa que no comparta mis orgasmos. Lo que pasa es que me toca la fibra esa necesidad que parecen imponernos por compartir todo, como si el no compartir una noche al año de amor romántico nos hiciera menos.

No cariño, no somos menos. SOMOS. Y eso, en definitiva, es lo que importa.

¿Que no tienes quien te regale flores, quien te compre un vibrador nuevo, quien te invite a cenar, una vez al año, ese día concreto? No sufras. Regálate las flores, cómprate el vibrador que tanto deseas, cena fuera, pero hazlo cuando desees, durante todo el año. Porque no hay amor más puro que el amor propio.

Y a las personas que se creen mejores y que lo tienen todo por haberse unido con otro número impar: ¡multiplicaos por cero! Los solteros no estamos incompletos, sólo somos más ligeros, dejad de juzgarnos mientras nos comemos el jodido menú para dos.

‘¿Te molesta? Mira qué dedo más bonito tengo para ti, es un corazón…’.