¿Qué hice ayer? ¿qué haré mañana? ¿Cómo pagaré las facturas? Juventud, divino tesoro de inocencia, resaca, e incontinencia verbal.


Levantarse o hundirse en el intento. Mirar las noticias y a tu alrededor y a veces dan ganas de extinguirse. La presión y la formación evitando chocarse los cinco. Todos entrando al trapo a ciertos juegos del despiste (porque si no, nos paralizamos llenos de crudeza).

Jugando nacer sabiendo, desnudos en el contenido a tiempo parcial, hipsters a tiempo completo.  El susto abrazando la calidez de nuestras propias crisis vitales, dándole una patada a la sociedad de nuestro tiempo. Mirarnos al espejo los unos a las otras, algunas líneas de expresión y ojeras maravillosas sonriendo con mimo a la mejor versión de lo que somos. Porque salimos. En la inconsciencia de no saber, de no tener qué perder, seguimos apostando de cuando en cuando, cada uno a su manera, por un ápice más de esta (perra) vida. Es nuestro sino, la rebeldía, el inconformismo como caos artístico profundo.

Y si, dirán que cualquier juventud pasada fue mejor, pero sin embargo, todas tuvimos y tenemos lo mismo: miedo e ímpetu, lucha y pasividad, mejores amigos de lo extremo y aún más de lo absurdo (y sobre todo, de aquellos maravillosos errores).

¿Qué hice ayer? ¿qué haré mañana? ¿Cómo pagaré las facturas? Juventud, divino tesoro de inocencia, resaca, e incontinencia verbal. Nos levantamos, tarde o temprano. Aunque sea por curiosidad, por una cena, un amigo o las ganas de bailar.

Vivir al límite, ser autónomo, trabajos inestables.

Levantarse o hundirse en el intento. Emprender, sin duda, emprendernos.

La realidad es un plato que se nos sirve frío. Y para calentarnos, solo nos queda liarnos la manta a la cabeza.