Era una privilegiada, una actriz de pequeños momentos en los que podía vislumbrar emociones que aún pasándole a otros, podía experimentar en primera persona.


El río sucumbía a las ansias despiadadas de una soledad acompaña por el silencio. La luna mecía a la noche sin más ruido que el de un solo pensamiento. Ella misma, en una continua noria, no terminaba de pararse en ningún punto. La embriaguez de sus mejillas delataban sus ganas de aspirar la noche y de frenarse, mientras súbitamente contemplaba su existencia detrás de una cortina de escarcha.

Consumir por miedo a la soledad, al fracaso, a destapar nuestra propia caja de pandoraHabía estado toda la tarde dado vueltas de un lado a otro,  persiguiéndose a sí misma, como de costumbre. Las temidas rebajas inundaban unas calles vacías de ideas, pero llenas de consumismo a cualquier precio. “¿Acaso la sociedad no era eso?”-pensaba. Consumir momentos, selfies, tiempo , relaciones.  Consumir por miedo a la soledad, al fracaso, a destapar nuestra propia caja de pandora cubierta de musgo y llena de monstruos.  Los atardeceres pasan de largo, el amor se confunde con la atracción y  el compromiso con la “idea de”.

De pronto recordó a una mujer llevándose una camisa rota y le entraron ganas de ir detrás de ella para decírselo,  pero le perdió la vista en un segundo. La vida parecía pasarle ante sus ojos en una carrera de fondo en la que el fondo era curiosamente, lo que menos importaba.

Su trabajo,  le ayudaba a darse cuenta de algunas cosas. Era una privilegiada, una actriz de pequeños momentos en los que podía vislumbrar emociones que aún pasándole a otros, podía experimentar en primera persona. “Al fin y al cabo -pensaba-, a todos nos duelen las mismas cosas y todos en algún momento, vamos de rebajas o hemos estado de oferta”.

La vida parecía pasarle ante sus ojos en una carrera de fondoAllí en una dudosa calma reflexionaba sobre su existencia, la política y la economía. “Demasiado trascendental te has puesto esta noche- se dijo así misma”.

Y mientras daba una última calada a su cigarro, subió a su portal y entró en su casa. Aquel lugar inhóspito e iracundo que le recordaba continuamente lo que era (y también los sueños de quién no había podido llegar a ser). Y sin más, tras una pared de humo, se escondió  en el sueño. Ese día,  se sentía especialmente abatida,  no sabía si por el cansancio, la derrota, o una mezcla diabólica de ambos.