Las mujeres deberíamos apropiarnos de nuestro cuerpo, tomar un papel protagonista en la forma en la que lo habitamos y las decisiones que tomamos con respecto a él.


Hace unos días me encontré con una curiosa noticia en la que se nos contaba que una “atrevida” mujer, Kiran Gandhi, había decidido correr el maratón de Londres sin tampones, compresas, copas menstruales o cualquier otro método para retener su sangre mensual. Por supuesto, me picó la curiosidad y leí la noticia.

Lo primero que pensé al terminar de leer el reportaje fue: ¿y por qué esto es noticia? ¿cuántos años llevamos menstruando las mujeres? ¿cuántos siglos? ¿y aún nos sorprende? A base de convertirlo en un tema tabú ayudándonos de lo privado, hemos conseguido que una mujer que mancha sus pantalones de deporte sea digna de nuestro extrañamiento. El artículo me hizo cuestionarme mis propios esquemas: ¿Por qué me ha parecido extraño y curioso que una mujer muestre su sangrado? La respuesta es más que evidente, porque me han enseñado desde que era niña a que la regla es posiblemente lo más  íntimo que tenemos las mujeres. Se trata de un proceso del que solo podemos compartir pequeñas parcelas, y siempre en espacios reducidos y normalmente entre mujeres. Se puede concluir que estamos en una época de invisibilidad de la menstruación.

Debemos tener en cuenta que el sangrado menstrual es clasificado, regulado y entendido en función de la cultura. Es biológico, pero también un acontecimiento cultural que ha sido interpretado de diferentes formas a lo largo de la historia; por eso la decisión de Kiran Gandhi supone una ruptura de reglas sociales tan impactante, ya que nuestra cultura ha estigmatizado la menstruación.

A día de hoy nos encontramos con un discurso muy prescriptivo de cómo se debe vivir la menstruación, con reglas rígidas y grandes castigos sociales para quienes las incumplen, y con grandes dificultades para enfrentarnos al espacio público al ser cuerpos menstruantes.

La siguiente pregunta que surge es ¿por qué ese asco e incomodidad que parece despertar el suceso? La protagonista de la historia de hecho, cuenta que ha recibido comentarios insultantes y atacantes por la decisión tomada; como ya pasara con la modelo Rupi Kaur, a la que Instagram censuró una foto en la que salía tumbada en su cama mostrando una mancha menstrual, y que también tuvo que soportar los comentarios y opiniones de los que no se sienten cómodos ante las mujeres que no ocultan sus procesos naturales.

Jen Lewis - Beauty in Blood

Proyecto Beauty in Blood de la artista Jen Lewis

Siguiendo con la reflexión, me di cuenta de que otros efluvios corporales se toman como normales, no nos extrañamos de que los deportistas muestren marcas de sudor, ni la sociedad les obliga a ponerse inventos absorbentes para que esas manchas no se noten. Ninguno hemos pensando en decirle a los triatletas que deberían ponerse compresas absorbentes en las axilas para estar más cómodos al mirarles; por lo tanto no es un rechazo por asco, sino que la regla se ha convertido en un símbolo de algo que la sociedad no puede soportar como evidente, ¿no será que en realidad lo que se está censurando es la propia feminidad? No existe un símbolo más pura y naturalmente femenino que la sangre menstrual, y quizá tampoco existe ningún proceso tan natural y estigmatizado como este.

Algunas autoras aseguran que si, en vez de sangre, la menstruación se compusiera solo de agua, seguiría siendo un tabú, generando ascos y siendo rechazada. Sin querer llegar demasiado lejos, desde mi punto de vista, estamos ante una prueba fehaciente de cómo el patriarcado se impone sobre el cuerpo femenino, convirtiendo lo natural en algo prohibido y sucio.

Es curioso como la sangre es tratada por la sociedad. Al ver un artículo o fotografía en la que una mujer está manchada con su sangre menstrual surgen comentarios y reacciones de asco y rechazo, pero nadie tiene estas mismas reacciones con la sangre de guerra. Cuando aparecen cuerpos decapitados y sangrantes en las noticias, nuestras reacciones son de pena y rechazo, pero nadie se manifiesta en contra de este tipo de sangre como tal, tan solo de la violencia que lo ha provocado; ¿por qué la sangre de vida nos produce más rechazo que la sangre de muerte?

Las mujeres deberíamos apropiarnos de nuestro cuerpo, tomar un papel protagonista en la forma en la que habitamos nuestro propio cuerpo y las decisiones que tomamos con respecto a él, y si eso significa mostrar nuestra sangre menstrual como símbolo de profunda feminidad, deberíamos empezar a planteárnoslo todas.