Todavía no hemos superado el cuento de la media naranja… Aún no terminamos de entender que no hay nada escrito, que cada uno escribe su historia cada día, que sus elecciones marcan su vida.


Recientemente ha surgido en mi círculo cercano el debate sobre lo que está y no está permitido  en una relación de pareja. Como si hubiera una especie de código que seguir porque, de no hacerlo, eso significa que no se quiere a la otra persona. Pero si hay una cosa que está clara, es que todo está reducido a una cosa: educación.

Desde que nacemos se nos educa en la idea de que somos el fruto del amor de nuestros padres, monógamos y, por supuesto, fieles. Se nos insta a buscar a la “pareja ideal”, con la que todo será perfecto y tendremos hijos bellísimos. De alguna forma aprendemos que hay varios tipos de personas: “solo amigos”, “líos de una noche”, “amigxs con derecho” y “potenciales parejas”. Que dependiendo de en qué grupo esté el otro, merece más o menos nuestro respeto. Que si queremos que una relación funcione, no se puede tener sexo en la primera noche. Sobre todo si eres mujer.

Sí, los estereotipos nos siguen bombardeando, hagamos lo que hagamosSí, los estereotipos nos siguen bombardeando, hagamos lo que hagamos. Además, aprendemos que no se pueden hacer las mismas cosas en la cama si hay sentimientos, que si no los hay (“¿Cómo le voy a hacer a mi novia lo que veo en el porno?”). Que si hay amor, no cabe en la cabeza de nadie que puedan hacerse tríos o intercambios de pareja. Que debemos contarle todo. Que discutir es signo de problema…pero el no hacerlo, también lo es. Si hay un problema con el otro, se sigue acudiendo antes a los amigos que a ese otro, quien a menudo vive ajeno a tal circunstancia.

Se crea en nosotros la idea de que los celos son buenos, porque de no tenerlos significa que el otro no te importa. Que nuestra pareja es solo nuestra, y nadie la puede tocar. Que los ex son malas personas que van a querer destruir nuestra nueva relación. Que la infidelidad es un pecado que acaba con la confianza y, por tanto, con la relación. Salvo que el otro no se entere, ahí ya hay más diversidad de opiniones…

El diario de Noa

Se nos enseña que el afecto se demuestra viéndose o hablando a todas horas, y que ejercer un cierto control sobre el otro es lo normal y lo deseable. Que el otro debe adivinar lo que queremos o lo que nos pasa sin tener que decírselo, porque si no, es que no nos conoce ni se esfuerza lo suficiente. Que si no nos entiende, merece una especie de castigo. Que debe ponernos por encima de todo lo demás. Que debe dejarlo todo si se lo pedimos. Que si cedemos en algo, el otro está obligado a hacerlo en otra cosa.

Vivimos rodeados de numerosos mitos que nos impiden ser realmente felicesSe nos enseña que el modelo de pareja es aquel formado por dos personas que desean y busca la convivencia y el construir una familia. Que cuando la mujer se convierte en madre, deja de ser amante. Porque “¿cómo una madre va a hacer esas cosas?”. Y que eso es normal. Que el hecho de que se caiga en la rutina y/o en la evitación del sexo, es a lo que toda pareja está abocada con el tiempo. Que en esos casos los escarceos amorosos se comprenden “mejor”. Que con el tiempo es lógico no sentir lo mismo por tu pareja…

Vivimos rodeados de numerosos mitos que nos impiden ser realmente felices. Y estos mitos no solo afectan a los adolescentes, también a los adultos cuyos prejuicios les llevan a juzgar las prácticas o experiencias de otras personas con ideas o relaciones diferentes a las suyas. Todavía no hemos superado el cuento de la media naranja… Aún no terminamos de entender que no hay nada escrito, que cada uno escribe su historia cada día, que sus elecciones marcan su vida. Realmente… ¿hacemos lo que queremos, o seguimos cayendo en los mismos mitos?